01 febrero, 2007

La respiración del film: cortos vs. largos.PARTE III




El tiempo vuela y el espacio es escaso en estos días de macro(micro)festivales en los que no todo es film (mucho menos de lo que nos gustaría), de miradas (2) en ráfagas televisivas y otros tantos sucesos a la orden del día de suma importancia como para andar desperdiciando párrafos hablando de la respiración.

Por ello, pido disculpas humildes por este horrible acto antropofágico: pero me voy a comer a Amenabar.

Así, con poca sal, prescindiré del tercer capitulo prometido sobre la respiración del cine de este director patrio y saltaré directamente al cuarto ejemplo: vil fagocitador de mentes; extorsionador de retinas; ganador absoluto del premio Mister Hígado 2007 y finalista en la edición número 73 de Mister Pulmón… Con ustedes… David Cronenberg.



Aquí, al igual que con Lynch, nos encontramos ante un caso clínico peliagudo, aunque menos extremo que el anterior.

Menos extremo digo, porque los cortometrajes y mediometrajes de este maravilloso autor no son malos. Están correctamente filmados y dejan intuir su estilo personal y descarnado. Pero creo que adolecen de dos problemas: Uno, exacto, su respiración. Son, en general, demasiado oscuros como para resultar suficientemente interesantes sin una narración rítmica sin fisuras, y eso es precisamente de lo que carecen alargándose en planos y secuencias innecesarias, dejándose llevar por un surrealismo excesivo poco de acuerdo a una temática y tramas que merecían mayor mimo y dedicación.



De esta forma, "Stereo" (1969) y "Crimes of the future" se convierten en dos cortos, casi largos, plagados de lugares sórdidos y personajes extraños que deambulan por los pasillos de clínicas que investigan extrañas pandemias, pero sin llegar a atrapar en sus redes al espectador atento. Me atrevería incluso a decir que de no ser por su excelente factura técnica y el hecho de ser rodados en soporte químico, se parecerían bastante a un ejercicio juvenil de escuela de cine con zombies deambulando de un lado a otro.



El segundo problema del que hablábamos más arriba, quizá sea la decepción que producen al desperdiciar unas premisas fantásticas que, como comenta el fantástico libro "Cronenberg por Cronenberg", acaban resultando mucho mas apasionantes en su lectura que en su visionado:

Transfer (1966) Cronenberg ha resumido Transfer como sigue:

"Transfer, mi primera película, fue un sketch surrealista de dos personas - un psiquiatra y su paciente – sentados a la mesa para el almuerzo en la mitad de un campo cubierto de nieve. El psiquiatra ha sido seguido por su obsesivo antiguo paciente. La única relación que el paciente ha tenido y que haya significado algo la ha tenido con el psiquiatra. El paciente se queja de que ha inventado cosas para impresionar y ocasionalmente preocupar al psiquiatra pero éste ha permanecido indiferente a sus esfuerzos."



From the drain (1967) es quizá el más interesante de todos y también el mas desaprovechado.

Dos soldados hablan en una bañera. Uno parece mas confiado que el otro. Hablan de una extraña guerra química y de pronto del desagüe sale una planta que se come a uno de ellos, tirando sus zapatos a un armario junto a la bañera donde hay otro montón de zapatos.

Planteado así, y dirigido por Cronenberg, podría haber sido genial, pero no. Es lento, aburrido, mal dirigido, peor iluminado y con una música espantosa que apenas pude aguantar 4 minutos sin que me crispara.



Después de estos "ensayos técnicos" como el prefiere llamarlos, pasó a realizar sus dos mediometrajes, que como hemos dicho, tampoco eran demasiado brillantes.

Ninguno de los cuatro trabajos es demasiado bueno técnicamente, aunque cumplirían con creces si las historias se sostuvieran lo suficiente. Una vez mas, estoy convencido de que el problema es una cuestión de ritmo, pues la temática es igual a la mayoría de sus obras posteriores que precisamente se vuelven geniales por una narración perfecta, equilibrada, justísima.



Así, Cronenberg realizaba en 1975 su primer largometraje: "Shivers, Vinieron de Dentro de…" y comenzaba una fulgurante carrera en el terreno aeróbico que ha pasado por varias etapas y obsesiones comunes que, dejando al margen toda la basura verbal que se le atribuye (rey de la carne, Barón de la sangre y otras chorradas así), es mucho, muchísimo más que la temática de sus películas. Es un maestro de la dirección como se han visto pocos. Es un maestro del cine-verdad. De lo descarnado y lo físico.

Y todas, todas y cada una de sus películas (desde las extrañas e interesantísimas "Cromosoma 3" o "Rabia", hasta la impersonal pero genial "Una historia de violencia" pasando por esos monumentos inmensos al séptimo arte que son "Crash", "Inseparables", "La mosca", "M Butterfly" o "Videodrome"), poseen algo que las caracteriza frente al resto del cine. Algo que en cierta medida comparte con Lynch y que no es ni mas ni menos que una respiración completamente personal e intransferible. Un ritmo incopiable que obra el milagro.



Así pues, y a modo de epilogo, podríamos decir que no se pueden sacar muchas más conclusiones que las ya leídas: El largo y el corto se piensan de forma diferente, se ruedan de forma diferente, se viven de forma diferente.

Ser experto de un lenguaje no implica en absoluto serlo del otro, lo cual no es óbice para que existan expertos en ambas materias. Y por ultimo, única teoría verdaderamente empírica de este análisis: Lo único importante para que una película funcione es que llore, corra, vuele, viva, mire, se insinúe y sobre todo, que respire.

La única verdad del cine, larga o corta; es su respiración.

by Nicolás Alcalá

PRÓXIMAMENTE: Roger Vicente se marca un freestyle. La videoentrevista definitivam.

7 comentarios:

AL dijo...

Que grande es Cronenberg y que grande es eXistenZ!!!!

Anónimo dijo...

Me hubiese gustado leer el artículo de Alejandro Amenábar. Por favor, Alcalá, ponlo a modo de epílogo, por ejemplo. Tus artículos son muy buenos.

Anónimo dijo...

Una cosilla, intentar firmar siempre con nombre y apellidos, sobre todo si es para peticiones de este tipo.

Un saludo.

Cerezo

Raven dijo...

Ejem, Nico... ¿Cronenberg menos extremo que Lynch? ¿Ese puto enfermo que se deleita mostrando como el sueño de la razón produce monstruos de una manera mucho más explícita y cárnica de lo que Goya se refería? ¿Ese mismo? ^^U

Por otra parte, excelente artículo...

J.M. Payán dijo...

Lo de Amenábar lo pido yo.

J.M.P.

Nicolás Alcalá dijo...

Con menos extremo me refería a la diferencia entre la calidad de sus cortos y sus largos. En Lynch esto está más a flor de piel, pues sus cortos no tienen ni remotamente la calidad de sus obras más largas. En Cronenberg, sin embargo, esta distancia es menos aguda.

En cualquier caso, y refiriendome a lo que decias, creo que Lynch es más extremo. Pero es un problema de concepto. Lynch es un enfermo. Cronenberg sin embargo creo que no. Que disfruta. Tiene una estética un tanto peculiar cargada de carne y violencia, pero es como un niño.
Cronenberg juega con la carne como con los playmobil. Lunch sin embargo vomita.

Para explicar la analogía... Estar dentro del cerebro de Cronenberg debe ser divertido. Estar dentro del de Lynch no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

En cualquier caso, me quedo con Cronenberg a la larga.

:)

Y gracias por las críticas, quizá más adelante hablemos de Amenabar... Que ya es hora.

Jota dijo...

Nico es un buen articulista; pero a la hora de comentar este tipo "estructuras", o como querais llamarlo, me gustaría que expusieses a otros directores que sepamos que NO idolatras. Gracias. No hables tampoco de Kusturica. De nuevo gracias