28 enero, 2008

MAMÁ(Volumen I)

Mamá, yo me mayor quiero filmar lo que me dé la gana...
...y dirigir un festival de cortos como y con quien me venga en gana...
...y, por supuesto, decir lo que me dé la gana...:

Corto(h)omenaje



Me sorprende que una de las frases más comunes para defender el cortometraje sea hoy en día una de las maneras más falsas de proclamarlo: “El cortometraje es el medio de más libre expresión que existe”, se suele rezar. Mentira.

Hoy en día, existe una corriente general en los cortos que no puede ser fruto de la casualidad: cortos sociales con grandes dosis de demagogia, cortos chiste-gag con la pedorreta final por bandera y cortos excesivamente bienintencionados, entre otras lindezas.

El motivo de estudio y atención se debe a que llevamos muchos años sufriendo en los palmarés de los festivales de cortometrajes gran número de “ataques” a la supuesta libertad del medio. Prácticamente un 85 por ciento de los trabajos premiados y seleccionados se engloba en esta característica, y uno se pregunta el porqué y uno se lanza incluso a dirigir un festival de cortos, después de hacerlos sin englobarse en esa bola de nieve rota. Pero la respuesta es más sencilla de lo que parece.

Los 234 festivales oficiales de cortometrajes que acontecen en nuestro país tienen en un 73 por ciento ayuda y proyección pública. Hay muchos festivales magníficos, sin duda, pero el problema es que hay un gran número de festivales que no lo son. Los festivales de cortometrajes suelen estar aprobados por funcionarios que tienen que justificar algunos gastos en cultura y no saben donde ponerlos, y ya les sobra demasiado.

Total, que se les presenta un grupo de chavales (y no tan chavales) enamorados del medio y bla bla bla que desean hacerlo en sus instalaciones y con sus (mínimos) dineros, un canto al cine en forma de festival de cortometrajes, ya que se realizan 500 producciones cortas en nuestro país y haciendo un filtro con criterio se puede conseguir una producción cultural, cualitativa y agradable para la villa donde se celebre.

Muchos dicen que sí y empieza el lío. Normalmente, o no se cobra o se cobra poco, y lo poco que se cobra (por un año de trabajo) se cobra tarde y mal. Pero no pasa nada, vamos a luchar en pro del cuento audiovisual y del cine en sí mismo, venga, vamos a ello.

De repente, te plantas en el final de una primera edición que queda muy bien salvada, pero a lo mejor los funcionarios se fijan demasiado y piensan que se deberían cancelar cortometrajes que puedan atentar contra la sensibilidad del espectador. No hablo de cortos donde salga sexo explícito, no. A lo mejor cierto cine fantástico con alguna gotita de sangre puede ser molesto. ¿Molesto para quién? Pues hombre, molesto para el público. Atención, señores, la libertad en los festivales empieza a no existir y empezamos a emparentarnos con lo malo de nuestro hermano mayor: el largometraje. Pero no se vayan todavía...

...total, que la cosa no acaba aquí, sino que a lo mejor otras decisiones de otras (cualesquiera) índoles deberían ser más “bonicas”, ya que el escudo del ayuntamiento está demasiado cerca. Venga, fuera el premiado que ha elegido un jurado cualificado en un concurso anexo y vamos a pasar a elegirlo nosotros, los funcionarios, que sabemos lo que hacemos. Al fin y al cabo el cine es subjetivo, ¿no? Nadie sabe más que nadie.

Total, que ya empiezan dichos funcionarios y las familias de los funcionarios a meterse en la programación, a cambiar este corto y aquél e incluso a meter mano, porqué no, en la página web. Leñe, son los que pagan, ¿no? ¿No queríais hacer cine, jovenzuelos? Pues nosotros somos lo más parecido a eso que llamáis productores.

El festival, entonces, pierde toda la coherencia del mundo y aquellos chicos soñadores tienen dos opciones: dejar el país sin un festival más o dejarlo en manos de otros. En cualquier caso, ya no será un festival libre.

Imaginad que esto que os cuento ocurre en gran parte de los festivales. Pardiez, poneos en su lugar: cuanta más gente del pueblo vaya y más gente quede contenta, más votos. Es normal, ¿no? Cualquier actividad que salga de las arcas ha de dejar contentos a los asistentes porque da votos y los votos dan actividades. Mejor para todos, ¿no? Porque, hombre, ¿quién quiere un festival lleno de cinéfilos contentos y freakies del cortometraje? No, no, ha de ir desde la panadera hasta el mecánico de la esquina y a ellos seguro que les gusta más el corto de la pobre inmigrante pariendo en la calle. Que sí, que le remueve la conciencia. Que sí, que esas cosas les hacen b(v)otar.

Pero vayamos más allá, quitémonos del medio a estos cinéfilos pintas que lo fundaron, que seguro que tienen mejores cosas que hacer y ya disfrutaron el primer año, y pasemos a gobernar esto nosotros, que está chulo y no parece muy caro. Además de que pagamos, ¿no?

Y nada de incrementos económicos para que los cortos se oigan y se vean mejor en las proyecciones, la gente con esto tiene bastante. ¿Qué decían los pintas sobre el asunto? No me refresquéis la memoria, que no es útil.

Entonces, ya nos encontramos con unas pautas obligadas para acceder a la selección de la programación y al palmarés. Porque claro, los jurados con todo esto suelen estar de acuerdo o, directamente, no tienen más narices. Y cuando las tienen, les llega un filtro ya “selecto”.

Bien, pues poneos ahora en que sois un cortometrajista que tienes un estilo que no casa con la programación que os cuento y crees que puedes hacer cosas, pero no van a dejarte demostrarlo si sigues por ese camino. Total, que tienes una idea y tienes dos opciones: hacerla como tú crees que puede valer o hacerla como tú crees que puede encajar con los premios y te puede dar motivación y dinero para hacer otras cosas. Asimismo, para vender tu historia la mejor arma es decir que funcionará en festivales y demostrarlo. Porque claro, no quieres arruinar otra vez a tu familia sin fundamento y las subvenciones seguro que también valoran más a alguien con palmarés engordado.

Bien, tienes dos opciones para hacerlo. Ahora, yo te pregunto, ávido lector: ¿qué grado de valentía crees que hay en los cortometrajistas españoles? ¿cuánta gente crees que realiza el cortometraje pensando en lo que él quiere y cuánta crees que lo hace pensando en el premio?

Piénsalo bien, amigo, en la respuesta seguramente tengas la llave para acceder a la calidad que en un futuro tenga la cinematografía de todo un país.

...y decirlo, si me dejan, en el mejor sitio posible, mamá. Decirlo en www.miradas.net

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupenda reflexión, sr. Cerezo!!

Quería felicitarle públicamente por tan brillante análisis, aunque suene a peloteo me da igual, así lo pienso.

Saludos
Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

fran dijo...

Más vale pájaro volando que ciento en mano... en manos de los arquetipos narrativos, de las plantillas guionísticas, de la holibud-planification,...

Otro tiro en la diana, Cerezo. Una pena que, como siempre, sólo "unos pocos" pensemos lo mismo.. Claro que si fuera al revés, serían los otros los protestantes....... Lo que significaría que.. seríamos parte del populacho!! ajjj Prefiero seguir en el grupo protestante y dejando que las úlceras me pudran los intestinos poco a poco...

Kei dijo...

buffffffff... cuanta razón llevas amigo, cuanta razón. No obstante, siempre quedará el arte por el arte y la diversión por la diversión. Entre tanto festival, alguno habrá (¿hay alguno?) libre de prejuicios, politicos pintamonas e intereses varios. Lo mejor que se puede hacer, tener la conciencia tranquila con lo que se hace y saber que de esto vivirán dos tios con talento y cincuenta enchufados. Saludos y felicidades.

http://ciudadanokei.blogspot.com/