10 abril, 2012

Akerbeltz, las brujas y el inquisidor


La animación es un género complejo. Para empezar, todo el mundo se empeña en llamarle género cuando en el fondo no deja de ser un medio. Yo personalmente me niego a llamarle género (a pesar de la primera frase) porque creo que la narración es bastante más independiente del medio de lo que popularmente se cree y porque encasillar algo que sea animado en un conjunto limitado es injusto para la animación, que como género parece verse abocada a un subconjunto de clichés y donde salirse de esa trampa mortal acaba siendo una odisea.

Aunque luego está la animación "adulta", que no deja de ser lo mismo con los mismos clichés pero donde todo suele pasar de noche y a veces muere alguien sin venir a cuento.

Por definición, un corto de animación parece estar lastrado por dos etiquetas, animación y cortometraje, ambas consideradas en algún caso casi despectivas con respecto a lo que viene a ser el "hermano mayor", el "cine de verdad"…

¿Un corto de animación? La iglesia lo desaprueba

Desde este blog y como amante de la animación y el cortometraje, los cuales, ni mucho menos son considerados menores por ninguno de sus integrantes (espero), me congratula mucho cuando un corto se salta todo esto y decide jugar a las ligas grandes sin complejos como los analizados anteriormente. Si encima es de animación, mi alegría es doble.

Akerbeltz, aquí donde se ve y a pesar de todo este discurso sobre el "cine de verdad", no se parece a ninguna película que podáis haber visto nunca, primero porque siendo un poco osado con el lenguaje, se podría considerar incluso un "videoclip" (usado en un sentido definitorio y no en un sentido despectivo). Esto es así ya que en Akerbeltz no hay diálogos y todo transcurre al ritmo de una canción específica de Hedningarda, algo con la que ya tienen parte de mi alma al ser uno de mis grupos folk nórdico de referencia (aunque me siga gustando algo más Garmarna... ale, ya lo he dicho). Y sin embargo todo tiene un aire cosa grande desde el primer plano secuencia con aires Fincherianos y obsesión compartida por pasar la cámara entre todos los huecos que aparecen en ella.

¿Cámaras imposibles? No hay problema...

Y es que desde ese principio, Akerbeltz va como un cañón contando la historia a ritmo de la música y usando todos las herramientas disponibles que sí puede proporcionar el medio animado por encima del cine tradicional, transiciones rápidas, zooms imposibles, cambios de escenario manteniendo encuadres… sin dejar ningún momento de relax a la narración pero sin llegar a avasallar en ningún caso. Es muy difícil resumir todo esto en pocas palabras porque la realidad es que podría ponerme a hablar de cada segundo en que la narración enlaza secuencias de forma excepcional, como el momento donde las rejas aparecen encerrando a las brujas en el juicio o el momento donde Akerbeltz aparece y hace llegar el niño a manos de la anciana y que es capaz de sintetizar todo ese concepto complejo en apenas unos segundos sin que se pierda en ningún momento el hilo de lo que pasa. Y sobretodo con un añadido, sin necesitar ni una sola palabra para ello...

El trabajo de César Urbina para contar la historia de las brujas y el inquisidor me parece impecable, aunque ya digo que quizá mi obsesión por los cortos de animación me produzca cierto sesgo inconsciente. Tengo que decir que ahora mismo se me ocurren pocos cortos animados que me hayan producido un "shock" tan importante en el primer visionado, aunque casi aseguraría que César agradecerá que el primero que me haya venido a la cabeza al ver Akerbeltz ha sido "Le moine et le poisson" de Michaël Dudok de Wit (uno de mis favoritos), sobretodo por la conjunción musical.


No estoy muy seguro de si quiero hablar de la parte artística, no por nada malo, pero el que ahora mismo esté metido en un curso de ilustración con un profesor algo obsesionado por las proporciones anatómicas (un saludo para él si me lee) me condiciona un poco ante los dibujos sencillos de Akerbeltz. No tanto por su sencillez, que no es a priori nada negativo, si no porque aunque en general me parece artísticamente muy preciosista, en este momento me cuesta dejar de ver esas anatomías con otros ojos…

Aún así, esto no debe ser nunca considerado un error, ya que en este caso concreto es algo con lo que yo tengo que lidiar igual que otras cosas anteriormente confesadas en este mismo blog, y desde luego el estilo visual de Akerbeltz funciona maravillosamente bien.

Tengo que decir una cosa como conclusión final y a pesar de que pueda existir algo de agravio comparativo con los otros cortometrajes que han ido pasando por mis manos. De hecho no es nada negativo ya que todos me parecen muy notables y así lo he hecho constar, pero desde luego tengo que decir que Akerbeltz es, en estos momentos, el corto que más me ha impactado en mucho tiempo y por el que podría vender mi alma ahora mismo para tener una copia que pudiese pasar en mi casa en loop durante los ratos en los que la tele esté ociosa...

Gracias de corazón, señor Urbina,

Pedro Pérez (aka Findor)

PD: No duden en visitar el blog de noticias del corto para poder estar enterados de todo lo que pasa...

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