17 diciembre, 2007

Sicko de Michael Moore: Sistema enfermo




Michael Moore utiliza la imagen como arma y los testimonios de los que se alimenta su último documental como puntas de lanza a favor de una cruzada cuyos epítomes se basan, como casi siempre, en la irracionalidad de un sistema, a todas luces, dependiente de los inversores que lo financian. Equivoca los modos, como casi siempre, resolviendo su exégesis con soluciones harto demagógicas (especialmente hilarantes en el affaire cubano), pero no el tema, una disección crítica y cínica sobre el sistema de salud estadounidense, ni sus texturas (deudoras del documentalismo en primera persona que ya caracterizó su brillante primer trabajo, Roger and me) ni tampoco su vocación, eminentemente inconformista y provocadora.



El cineasta de Flint categoriza el contenido temático de Sicko partiendo de una exposición de intenciones que explicita aquello de lo que no habla el documental, la situación de los no asegurados, con testimonios especialmente dramáticos (como el del tipo que tiene que elegir la reimplantación de uno de sus dos dedos amputados en función de su potencial económico-afectivo) para después indagar en el origen del negocio (Richard Nixon habemus) en el que se ha convertido un sistema de salud cuyos pasivos no son sino aquellos sujetos cuya enfermedad comporta un déficit empresarial, y en lo mal que aguanta la comparación con respecto a algunos países de su entorno como Canadá o Cuba, o aquellos que han hecho de la gratuidad de su sistema de salud su principal seña de identidad, como Francia o Gran Bretaña.



Tal y como ocurría en Bowling for Columbine, el contraste sociológico le sirve a Michael Moore para refrendar la validez de su tesis de partida así como para vertebrar lúcidos episodios en los que los protagonistas de este lado del atlántico se sorprenden, al igual que nosotros, de los modos de proceder de las aseguradoras. En torno a esta idea, Moore va exponiendo situaciones cada vez más provocadoras según va avanzando en su viaje comparativo, hasta llegar a Cuba y Guantánamo buscando los servicios médicos gratuitos del ejército para atender a alguna de las víctimas y/o cooperantes del 11-S que, en un giro de guión sorprendente (¿o no?), encuentran al otro lado de la alambrada, en las habitaciones de un hospital cubano, a un precio módico y convincente, aquello que le deniega su propio país, en un conjunto de secuencias preñadas de una gran emotividad.



Moore no lo tiene fácil en esta cruzada. Su último trabajo no trata de demonizar a Charlton Heston ni a la industria armamentística a la que representa, sino a todo un sistema de valores plenamente arraigado que desprecia cualquier intervencionismo estatal incluso por encima del respeto a las personas. Sorprende, por marcianas, de cara al espectador europeo, alguna de las historias que cuenta: como la de la anciana enferma abandonada en mitad de la calle con la bata de un hospital cuyos gastos (médicos) se niega a sufragar. Y es que es ahí, en la denuncia del trato que las corporaciones (entidades jurídicas) dispensan a las personas (entidades físicas), donde encuentra la cinta de Moore su principal activo y sentido, en último término, su carácter necesario y reivindicable, incluso en sus observaciones más cínicas e insinceras.



Como ocurre en el resto de su filmografía, Sicko ofrece algunos fragmentos cómplices enterrados entre otros más dramáticos cuya intensidad se subraya con la eficacia del montaje y del buen nivel de la producción en general, que vuelve a tener como protagonista, no ya a la oronda figura de Moore, sino a sus afiladas y atinadas observaciones. Pero esta vez el mensaje se nos muestra de un modo más duro de lo habitual (especialmente en el testimonio de una de las médicas de una aseguradora que, en primera persona, admite haber facilitado la muerte de un asegurado para ahorrar gastos a la compañía) y convierte a Sicko, una de las películas más militantes de Moore, en un auténtico puñetazo contra el estómago de una sociedad que confunde libertad con falta de solidaridad y esfuerzo colectivo.



Ahora mismo salgo para el dentista. Prometo hablarle de Sicko. Si me veis con una bata en mitad de la calle solo podrá significar una cosa: que no ha pillado la indirecta.


J.P.Bango

4 comentarios:

Queco dijo...

Es curioso ver aquí esta reseña, creo que a Cerezo no le gustó demasiado la película... jajaj, si vais a hacer un debate me gustaría verlo...

Anónimo dijo...

Ciertamente, me pareció espantosa, puesta con el piloto automático que este hombre creó desde su estimable Columbine.

Pero este es un espacio donde hablan muchos sabios, no solo yo, ja ja ja.

Ese Queco, siempre al quite.

Cerezo

Roberto A. O. dijo...

por favor Bango, por favor...las películas del Sr. Moore hace tiempo que dejaron de ser "documentales" para convertirse en calculadas obras de puesta en escena de engaños masivos. Eso sí, Moore lo tiene claro...hará lo que sea por lo que haga falta, es así de mercenario.

Lo de Cuba clama al cielo, ya le contaré yo un par de anécdotas sobre como está la situación de médicos en Cuba, desde que el gobierno ha mandado a una gran mayoría de profesionales a la tierra del camarada Chávez a cambio de petróleo.

Saludos

J. P. Bango dijo...

El affaire cubano tampoco me gustó lo más mínimo.

Yo defiendo su cariz provocador y controvertible, que ponga sobre la mesa el tema en cuestión, no los ardides demagógicos de los que se nutre ni su vocación falsamente subversiva.

Y, por supuesto, sus cualidades como cineasta, como siempre he venido haciendo con Loach o Oliver Stone, me interesen o no los temas de los que hablan.

En este sentido, invito a que sea el propio espectador el que apruebe o no su contenido último, quién etiquete y valore su resultado final, y que saque las conclusiones pertinentes...

...aunque san tan categóricas como las de nuestro anfitrión.

Un saludo, camaradas, y hasta la próxima.