
02 noviembre, 2011
Disquisiciones sobre "8" de Raúl Cerezo: El cortometraje como liberación narrativa

05 septiembre, 2011
Cosas que pasan
A pesar de las múltiples referencias al azar, el destino o la religión, esos que muchos consideran grandes pensamientos de la humanidad, siempre he considerado Magnolia como una película que habla de la soledad.
Con un principio directo, la narración inicial bombardea historias aparentemente casuales, situaciones imposibles que parecen fruto del azar, sin embargo el propio narrador acaba concluyendo que no pueden ser fruto de la casualidad, que no pueden ser "una de esas cosas". Un narrador que indirectamente nos habla del destino, un destino unido para todos los personajes, un camino de vidas cruzadas que además se convertirá en un camino de redención y expiación personal, la búsqueda del amor y el perdón necesario para escapar del uno.
Es la canción de Aimee Mann la que pone en perspectiva esta situación mientras se nos presentan los personajes, sin necesidad de definirlos en su totalidad, solo con pequeñas pinceladas que sugieren de forma simple como se podrán entrecruzar sus caminos. Siempre me ha parecido magnifico el uso de las canciones de Mann para esta película, canciones que existían antes de la misma y que gracias a Anderson completan el significado de algunos de los momentos principales, algo como si fuese la historia la que envuelve las canciones y no al revés.
Pocas historias pueden permitirse el lujo de tener un clímax central tan largo y no sufrir las consecuencias, pero el goteo constante de momentos que se sucede desde que empieza el concurso (precedido de un plano secuencia magistral) se presenta de forma que no hay opción. Stanley, su problema de incontinencia y posterior discurso (no soy un juguete) en el mismo escenario que Jimmy Gator y su desmayo en antena. Jim y Claudia en una escena romántica de bizarrismo absoluto (que recuerda en pequeño a Punch-Drunk Love) y que acaba más tarde con Jim perdiendo su pistola. Frank enfrentándose a los fantasmas del pasado en manos de su entrevistadora. Phil luchando por encontrar a Frank, el hijo "perdido" de Earl. Donnie y su declaración en el bar. Y Linda, que siempre fue mi personaje favorito (a pesar de lo llamativo de Frank), pidiendo no ser juzgada en la farmacia, intentando renunciar a su testamento y posteriormente lanzándose al suicidio incapaz de soportar su pasado... Clímax que además representa el centro de unión de sus caminos, es el momento donde sus vidas están más juntas (y donde se cae en la cuenta que Earl es el productor del programa de Gator, el eslabón final), y sin embargo, es también el momento donde están más solos. Un momento de soledad que empieza con el enfrentamiento final de Earl ante la muerte y sus remordimientos. Un momento coronado por otro espacio musical, una de mis escenas favoritas de siempre... El lugar donde se asume otra vez en letras de Aimee Mann que hay que despertar, que todo va a seguir igual y que en ultima instancia, lo mejor es rendirse...
Es ese destino que no todo el mundo acepta, el mensaje de rendirse para que todo pare. Es el momento de descubrir que no es la única salida, asumir los propios actos, abrazar la alternativa de aprender a vivir con las consecuencias. Un momento de aceptación representado por una lluvia de ranas, no tanto por un significado bíblico del castigo sino como momento de purificación, la hostia en la cara que te devuelve al camino y te hace despertar. La catarsis colectiva de todos los personajes...
Y solo falta cerrar el círculo, un epílogo que vuelve a recorrer las casualidades y rematado por la sonrisa a cámara de Claudia, un detalle que no estaba en el guión pero que encaja perfectamente con el monólogo inicial de Jim al espectador, ese Jim que nos instaba a intentar hacer el bien y ese Jim que finalmente lo consigue en manos de Claudia, como no, envuelto en otra letra de Aimee Mann pidiendo por la salvación.
Magnolia no es solo una historia de historias, más allá de todas sus interpretaciones bíblicas y caminos redentores, es un ejercicio de estilo espectacular. Toda la megalomanía de Anderson y su obsesión enfermiza por el plano secuencia presente en prácticamente todo el metraje, los momentos de metalenguaje donde se habla directamente al espectador, el monólogo de Phil haciendo referencia a los momentos de las películas donde se pide ayuda mientras él pide ayuda, hacen una obra faraónica que, a pesar de sus (no demasiados) defectos, crea un conjunto global que entra en la categoría de cine con mayúsculas.
Quizá no sea del todo objetivo con esto porque Magnolia es mi película casual, es la que vi de casualidad en la tele y me aburrió, y a la que di una segunda oportunidad única y exclusivamente por Julianne Moore. Una segunda vez que, ahora sí, consiguió hipnotizarme. Es la película por la cual mire con otros ojos a Cerezo cuando todo el mundo le llamaba troll allá en ciertos foros. Una persona con tanto amor por lo mismo que yo debe tener algo de razón, y gracias a eso probablemente he acabado escribiendo aquí. Es por eso que Magnolia es y casi seguro será por muchos años, mi película favorita.
Y es por eso que al final he decidido cerrar mi círculo y dedicarle un texto, no tanto por ser algo novedoso o porque crea haber escrito cosas nunca dichas, sino porque simplemente es algo que le debía desde hace tiempo.
Porque creo que Magnolia no es solo algo que simplemente pase...
Pedro Pérez (aka Findor)
02 septiembre, 2011
El enemigo está dentro
Aparece la noticia hace algunos meses de que Scott está decidido en ahondar en los origenes del primer Alien, y nosotros nos preguntamos si es necesario. Ha sido una saga que ha contado con un sin fin de secuelas de calidad decreciente en la que se intentaba expandir la mitología del primer film, en algunos casos incluyendo crossover con olor a chotuno por los cuatro costados. El film del 79 sigue tan vigente como entonces con ese huevo amenazador sobre fondo negro dándonos la bienvenida al espacio exterior. El público ya no es tan inocente como entonces, no me imagino lo que sería para el espectador de entonces enfrentarse al film sin información por trailers youtube y con dos líneas de sipnosis.
Proyecto lleno de sinergia juvenil aprobado por la Fox en plena vorágine de Star Wars sin saber muy bien que tenían entre manos, un guión con mil referencias a scifi de los 50, Lovecraft, 2001, y todo lo que tuvieran a mano, que en garras de Scott y su equipo se convirtió en una ópera de horror y muerte en tres actos. En primer lugar lo que sorprende del film es la tenebrista foto a cargo de Derek Vanlint, esta vez no es ese espacio ideado por Lucas un par de años atrás lleno de lásers de colores y naves, sino un espacio negro sin apenas estrellas y unos pasillos lóbregos y apenas iluminados de una vieja barcaza con pinta de catedral que avanza lentamente hacia nosotros, el film ha sido descrito como un cuento con castillo encantado.
La historia es tan vieja como el propio cine, un grupo de siete miembros enfrentados a una bestia en un escenario claustrofóbico, lo que es moderno es el tratamiento formal que se da a esos mimbres, no hay otra película igual a esta y posiblemente nunca la habrá. Los verdaderos protagonistas del film son ese Nostromo sucio lleno de pasillo laberinticos, un ente vivo que incluso palpita, y el otro es esa criatura de aspecto fálico diseñada por H.R. Giger, se dice que Scott quedó prendado de la sexualidad perturbadora de su obra gráfica Necronomicón y acabó reclutándolo. Una nueva raza de criaturas cambiante y letal, como indica el logo de los créditos, con una extraña obsesión por reproducirse y por exterminar a todo aquel que se cruce en su camino, en el colmo del humor negro una serie de arquetipos humanos que responden a una serie de debilidades típicamente humanas: curiosidad, indecisión, miedo...a los cuales, para sorpresa del espectador, se va cargando sin respetar rangos principales (nadie se espera lo de Dallas) imperando la sensación de pesimismo durante todo el metraje.
El film podría ser tomado como una de aquellas viejas historias medievales sobre cazadores de dragones, si no fuera por su escenario postmoderno y por la inusitada astucia de su bestia, un ser polimorfo que va adoptando diferentes roles a lo largo del film, podría ser aquel abismo que nos devolvía la mirada según Nietzsche, pero nos niegan hasta la posibilidad de mirarlo a los ojos, lo que si vemos fugazmente es una sonrisa babeante y dentro de ella como un macabro juego de muñecas rusas, otra boca. En palabras de algún personaje se nos dice que es un feroz hijo de puta, una abstracción de nuestros miedos más primitivos, esa sombra negra que aparece donde menos te lo esperas, incluso fundido con la propia nave extendiendote la mano, incluido dentro de ti.
El climax final del film es el triunfo de la princesa asexuada contra el monstruo fálico, hasta llega a ponerse armadura y coger la ballesta, a todos nos encantó verlo por primera vez.
By Valek.
12 agosto, 2011
Cualquier tiempo pasado fue anterior

Algún día todos seremos el abuelo de Werther's
Siempre me ha parecido curioso cómo funciona la nostalgia y los recuerdos cuando se aplican al cine o la televisión. Cierta generación suele recordar Mazinger Z como una grandísima serie, con una animación espectacular y acción trepidante. Cuando uno ve Mazinger de mayor descubre algo totalmente diferente, sin embargo conozco a bastantes personas que no van a renegar de su amor por Mazinger así como así, a pesar de haber cambiado…
Digo que es curioso porque me da la impresión que el apego a estos recuerdos funciona de forma diferente en cine y televisión. No conozco a muchas personas que sigan profesando admiración por el Padre Abraham y sus pitufos, Enrique y Ana o Parchís y quieran venderlo como música maravillosa al nivel de los nocturnos de Chopin. Muchos jugamos de pequeños con ositos de peluche, con Scalectrix o el fabuloso TCR que cambiaba de carril cuando le salía de las narices, pero los “descartamos” (aunque haya gente que haga modelismo, que siempre parece una versión más “adulta” aunque no lo sea, como las películas de Nolan). Podría decir que, estadísticamente, la mayoría de la población mundial debe haber pasado sus momentos más felices con alguna clase de engendro de relleno espumoso, pero prácticamente ningún adulto juega con peluches si no hay alguna clase de sexo asociado al hecho…
Sin embargo cada día entiendo menos lo de disfrutar como un niño. La vida es un cambio constante, mientras no se siente ningún apego con gran cantidad de cosas en la vida y se descartan, parece que el cine debe sufrir un inmenso síndrome de Diógenes y hay que apegarse cual mejillón a la roca a las cosas que uno vio de niño o a ese tipo de cine que le retrotrae a uno a un feto con cerebro del tamaño de una nuez. Tampoco entiendo lo de “no quiero analizar porque disfrutaré menos del cine” (también llamado “ni sé de cine ni me interesa porque entonces dejaré de ser feliz”). Podría hacer un ejercicio con alguien de estos y seguro que por cada película que disfrute y yo no soy capaz de encontrar una película que yo disfrute y él no. No hablamos para nada de dejar de disfrutar sino de cambiar el objeto con el que se disfruta, un intercambio de cromos que todo el mundo ejecuta en su vida con otras cosas, incluyendo amores.
Yo soy una persona que tiene miedo al cambio, socialmente me traumatiza que mi alrededor se mueva demasiado rápido, el nombre clínico para ello es metathesiofobia, sin embargo encuentro el mundo del cine el medio ideal para enfrentarme a ello, no me da miedo reconocer que he perdido muchas horas de mi vida viendo mierda o que me he gastado mucho dinero en dvds y blu-rays que ahora no usaría ni de posavasos, no me da miedo admitir que en un periodo de unos años he cambiado mis gustos y que ahora disfruto de otro tipo de cine, no más ni menos, otro tipo, y veo la misma cantidad de películas que hace unos años. Quizá esta posición me hace ser más intransigente con los que se apegan a lo de no analizar cuando probablemente la realidad es que no lo han probado.
No entiendo ese miedo a levantarse un día y pensar “mierda, ya no me gustan los Goonies, ahora me gusta Haneke” o “mierda, ya no podré ver Sucker Punch y sentirme cerebralmente como una ameba”.
Todo el mundo siempre piensa en dar saltos, en arriesgarse en la vida, en ir a mejor, en venderlo todo, abandonar su país, sus amigos, a su mujer y a su hijo y montar un chiringuito en Copacabana… Eso sí, llevando el DVD de Juegos de Guerra siempre en la maleta…
Pedro Pérez (aka Findor)
23 junio, 2011
Resurrección

Dos años hemos tardado en completar nuestro corto, "8". El anterior y algunos otros también han sido cuestión de meses o años. Cuando quieres algo bien acabado y no tienes dinero, sólo te quedan dos posibles cosas: contactos y tiempo..., y ésas son las que hemos usado. Así está el mundo de los cortometrajes cinematográficos, que no tiene por qué ser la antesala del largo, sino un medio propio. De hecho, serlo lo es.
Terminas el trabajo. Lo has mimado, lo has cuidado y quieres todo en la mejor calidad posible. No se trata de estupideces como el ego, sino de querer dar al espectador lo máximo que puedas. De repente, nos movemos... ¡ups!..., España, un país que podría tener toda la cultura e infraestructura del mundo, no ofrece al cortometrajista NINGÚN sitio de estreno oficial con calidades respetables. No, no lo hay. Puede haber festivales, pero a lo mejor pones el corto en manos de quien tú creas no es el adecuado. No porque tu corto sea mejor o peor, sino porque estás dando tu obra para que la juzgue alguien que quizás no debería. Porque sí, es cierto que España tiene 250 festivales de cortos, pero también es cierto que 200 de esos festivales tienen un jurado y un equipo de selección que se me antoja temible. ¿No debería un jurado de estar preparado al máximo para decir quién creen que es mejor o peor? ¿Por qué tiene que juzgar mi corto un concejal que cena mientras ve una pequeña parte de los cortos recibidos? ¿Por qué se me pide en las bases el hecho de si tengo premios o no? ¿No deberían tener el criterio los visionadores para juzgar las obras sin ayuda del de antes?
Ay España, España. Si cuidamos así a los cortometrajes, que, repito, son el hermano no tan menor del largo (de hecho, llevamos muchos años viendo el mejor cine de este país en el formato corto, no en el largo), ¿qué esperamos que ocurra cuando se vistan de largo todos aquellos que han observado el país en el que nos movemos? Si no regamos... ¿Cómo queremos ver un árbol esplendoroso?
Pues así es, amigos. Por no hablar de los 200 festivales que proyectan tu corto en las peores condiciones posibles y se permiten opinar de la fotografía. O directamente, se permiten exhibir. ¿Cómo algo que se nomina FESTIVAL de cine puede ser una verbena de despropósitos?
Pero en fin, para no desviarnos demasiado, volvamos al hecho: no hay sitios donde estrenar con un gran aforo, grandes calidades o sitios que no sean un festival donde no tienes ninguna facilidad y se pervierte el hecho del estreno en sí.
Y así he creado, junto a The House of Films, la propuesta de Córtate, en los cines Capitol de la Gran Vía. El 30 de junio haremos nuestra tercera sesión Córtate y ya, si quedaba alguna duda, nos desligamos por completo de cualquier evento que existiera previamente, porque vamos en 3d (esta sesión, de momento) y alguna nueva propuesta que vuelve a definirnos, como el 4d interpretativo (y esto es una exclusiva). Y no ya por Córtate en sí, sino porque os aseguramos un evento que no se había dado nunca en nuestro país.
Porque Córtate tiene cien mil motivos y cien mil propuestas para no parecerse EN NADA a ningún previo existente. ¿El espacio? ¿Los cines Capitol de Madrid son de alguna entidad? ¿De qué estamos hablando? ¿Entonces sólo se puede proyectar la misma película en el Capitol una y otra vez, porque la película siguiente le está plagiando el espacio? Lo que más le choca a la gente es lo de la fiesta de LARIOS (en cuanto a compartir espacio). Bien, pues yo desafío a todo el mundo a que me diga un sitio que no sea el LARIOS cercano para hacer la fiesta, que mira que lo buscamos para no coincidir. Además, el LARIOS no es tampoco de nadie..., allí se hacen todas las fiestas de los estrenos y preestrenos Capitol, no se confundan.
La otra oferta mensual para ver cortometrajes que existe en Capitol está muy bien y es un clásico..., pero eso no ha de ser motivo para que su existencia niegue nuevas propuestas, porque eso sería preocuparse poco por el corto. Además, creemos que se compenetran muy bien porque son, precisamente, muy diferentes.
Y no somos genios. Tampoco grandes pensadores..., sólo que a poco que te pongas, tienes grandes calvas que rellenar en un país sin industria ninguna al respeto.
Así pues, animo a todo el mundo a que realice propuestas de este tipo..., porque... ¿quién mejor que un sufridor para quitar sufrimiento al que venga detrás?
Raúl Cerezo
