02 septiembre, 2011

El enemigo está dentro




Aparece la noticia hace algunos meses de que Scott está decidido en ahondar en los origenes del primer Alien, y nosotros nos preguntamos si es necesario. Ha sido una saga que ha contado con un sin fin de secuelas de calidad decreciente en la que se intentaba expandir la mitología del primer film, en algunos casos incluyendo crossover con olor a chotuno por los cuatro costados. El film del 79 sigue tan vigente como entonces con ese huevo amenazador sobre fondo negro dándonos la bienvenida al espacio exterior. El público ya no es tan inocente como entonces, no me imagino lo que sería para el espectador de entonces enfrentarse al film sin información por trailers youtube y con dos líneas de sipnosis.

Proyecto lleno de sinergia juvenil aprobado por la Fox en plena vorágine de Star Wars sin saber muy bien que tenían entre manos, un guión con mil referencias a scifi de los 50, Lovecraft, 2001, y todo lo que tuvieran a mano, que en garras de Scott y su equipo se convirtió en una ópera de horror y muerte en tres actos. En primer lugar lo que sorprende del film es la tenebrista foto a cargo de Derek Vanlint, esta vez no es ese espacio ideado por Lucas un par de años atrás lleno de lásers de colores y naves, sino un espacio negro sin apenas estrellas y unos pasillos lóbregos y apenas iluminados de una vieja barcaza con pinta de catedral que avanza lentamente hacia nosotros, el film ha sido descrito como un cuento con castillo encantado.

La historia es tan vieja como el propio cine, un grupo de siete miembros enfrentados a una bestia en un escenario claustrofóbico, lo que es moderno es el tratamiento formal que se da a esos mimbres, no hay otra película igual a esta y posiblemente nunca la habrá. Los verdaderos protagonistas del film son ese Nostromo sucio lleno de pasillo laberinticos, un ente vivo que incluso palpita, y el otro es esa criatura de aspecto fálico diseñada por H.R. Giger, se dice que Scott quedó prendado de la sexualidad perturbadora de su obra gráfica Necronomicón y acabó reclutándolo. Una nueva raza de criaturas cambiante y letal, como indica el logo de los créditos, con una extraña obsesión por reproducirse y por exterminar a todo aquel que se cruce en su camino, en el colmo del humor negro una serie de arquetipos humanos que responden a una serie de debilidades típicamente humanas: curiosidad, indecisión, miedo...a los cuales, para sorpresa del espectador, se va cargando sin respetar rangos principales (nadie se espera lo de Dallas) imperando la sensación de pesimismo durante todo el metraje.

El film podría ser tomado como una de aquellas viejas historias medievales sobre cazadores de dragones, si no fuera por su escenario postmoderno y por la inusitada astucia de su bestia, un ser polimorfo que va adoptando diferentes roles a lo largo del film, podría ser aquel abismo que nos devolvía la mirada según Nietzsche, pero nos niegan hasta la posibilidad de mirarlo a los ojos, lo que si vemos fugazmente es una sonrisa babeante y dentro de ella como un macabro juego de muñecas rusas, otra boca. En palabras de algún personaje se nos dice que es un feroz hijo de puta, una abstracción de nuestros miedos más primitivos, esa sombra negra que aparece donde menos te lo esperas, incluso fundido con la propia nave extendiendote la mano, incluido dentro de ti.

El climax final del film es el triunfo de la princesa asexuada contra el monstruo fálico, hasta llega a ponerse armadura y coger la ballesta, a todos nos encantó verlo por primera vez.


By Valek.

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