
James Cameron: El monolito como sabemos afecta a primates; pues bien, un camionero canadiense recibió las vibraciones de éste al ver 2001 y de eso al cine. Terminator mola como macarrada ochentas, robles austriacos recubiertos por cazadoras XL. Explosiones hechas con alcanfor y gitanillos californianos robamotos. Gustó a la muchachada neoyorkina, y de ahí a horrores como Aliens 2 -Rambo en el espacio- o Rambo - Aliens en la selva-. El caso es que el hombre en la dicotomía explosión - detonador - chino que grita tenía su intríngulis, pero luego llega Abyss -el moco vibratorio metafísico- y ya se vio que para este tipo Schopenhauer era el nombre de una marca de esquís austriaca. En fin, ¿Qué decir? Terminator 2 es un videoclip alargado ad nauseam y Mentiras Arriesgadas convierte a Ozores en el heredero de Lubitch y las cortinitas que se cierran. Titanic es la demostración fáctica de cómo alguien sin talento puede triunfar de manera injusta: actores asesinables, depilación cejil masiva en el malo, guión inexistente, banda sonora de ascensor para funcionarias menopáusicas y un barco que canta más que la bombona de butano de Gladiator. Luego de los Óscar se retiró, descubrió que su mujer era habitante de la isla de lesbos -nunca fue muy listo- y ahora vegetará en su apartamento de Hollywood Boulevard viendo en el TIVO horrores como la serie de McGyver en el espacio. Es ya un auteur; pero un auteur con camisas de cuadros de leñador en el armario.
Ventura Pons: El rollo marica barcelonés ha recibido su justo testamento en el libro de Don Federico, y en multitud de películas de Bigas Luna, Almodóvar, etc. La gran historia de los camioneros que fueron a francia, se hicieron puta y se pusieron tetas tenía un reverso tenebroso, una alteración en la fuerza, y era el marica intelectual que sufre bucho. Pons es el gran representante de esta tendencia, y a través de tostones financiados por la diputación del general, se cree algo así como el Woody Allen catalán. Y ahí lo tienen, con sus esputos que sólo veía Terenci Moix y demás señoras de la intelligentia progre catalufa. Intentó hacerse más versátil, triunfar en el infierno que es Madrit, con la película de José Coronado como obrerete estreñido que persigue a la vaginocrática Sardá, pero fracasó, y ahora sobrevive del siempre agradecido público gayer alemán y de las eternas subvenciones de la diputación del general a los herederos del ilustre idioma de Eugeni D'Ors.
Michael Haneke: Normalmente del viejo imperio austrohúngaro nos llegaban estetas a lo Ophuls; la mierda melancólica austriaca que decían los nazis. Todo el mundo del cuero, las tachuelas y los látigos estaba restringido al ámbito del II Reich, al mundo de los claroscuros anales de Werner Herzog y Fassbinder. Haneke es la ruptura de Sissi y las polainas austrohungarian; trayéndonos la cara bestia del Tirol. Un verdadero fustigador de gonadas gracias a pañuelos con semen, palos de golf y cacas voladoras. La cosa tendría su gracia - y la tiene a veces en Funny Games o Benny noseque - si Haneke tuviera un cierto baremo estético. Como el austriaco no es Kubrick, y lo de coreografíar la violencia y la pulsión eros/tanatos le parece menos motivador que los pañuelos con semen, el tipo vira entre las últimas cagadas que hizo Passolini y la inolvidable Divine del no menos reivindicable John Waters.
Kubrick: Érase una vez un pequeño joven judío, austrohungarian, que cambió el ajedrez por la fotografía, y ésta por el cine. Entre medias realizó bombas de relojería, fluidos corporales en desuso y hoteles misteriosos. ¿Con qué? Sí, efectivamente, con la nada: a partir de 2001 Kubrick apuesta por la postal ¡se convierte en el Julio Medem americano! Claro que el Sgt. Hartman mola más que Nawja Nimri, y qué les vamos a decir de la comparación Nancho Novo y Jack Nicholson. Pero Kubrick siempre deberá ser reivindicado por hacer repetir 100 tomas a Tomás Crucero en una película. "A ver, la próxima vez no sonrías como en un anuncio de profident y muestra una mínima empatía a la cámara" eran las palabras disuasivas de Don Stanley con el hierafonte de la cienciología.
Animalario: Cúspide del teatro socialdemócrata, este grupo de actorcillos mezclaban algo así como las doctrinas becketianas con la absoluta falta de talento a la hora de representar cualquier cosa. Otro engendro surgido del combo Paramount Comedy - EPS, empezaron con obras costumbristas lamentables (base de las posteriores Días de furgol y El otro lado de la cama) para acabar con el teatro político (¡Grandiosa su obra de teatro sobre la boda de Ana Aznar! ¡Puritito Brech!) y acabar consagrando a Willy Toledo -de la familia de los Lambert en sus progiosos primeros planos- o Alberto San Juan -facebread- como émulos patrios de Matt Damon y Ben Affleck. Esto sería el inicio de una galerría de horrores de la que saldrían el portero de Aquí no hay quién viva, el policía de Torrente 3 y demás engendros actoriles; nuevas (de)generaciones de los entrañables López Vázquez, Manolo Gómez-Bur y etc.
