18 marzo, 2012

Quédate conmigo

Esta vez no se me pasa, antes de empezar a soltar spoilers, dejaré un enlace con el corto para que podáis verlo antes de seguir leyendo...

Aquellos que, con paciencia infinita, hayan seguido mis andanzas en este blog desde que empecé a escribir en él, puede que recuerden las epifanías donde con ciertos textos de Foster Wallace concluía, o mejor dicho, llegaba al punto en el que daba más importancia a la forma que al fondo. En realidad, por recordarlo un poco, venía diciendo que el "mensaje" está interpretado muchas veces en el receptor y no en el emisor.

La primera vez que vi Quédate conmigo fue en el Córtate rodeado de gente y hubo muchas risas. Risas que, en pequeña confesión de Zoe a una de las personas de mi grupo, no eran especialmente buscadas. La conclusión de que el corto parecía mayormente comedia se acabó imponiendo.

Un tiempo después he podido ver otra vez el corto sin presiones ambientales, solo en casa y con la posibilidad de revisar y volver a ver escenas. La sensación es diametralmente opuesta. Es muy evidente que esto no es humor, quizá existe una confusión con el humor porque la situación es muy extrema y, hasta cierto punto surrealista. Existe confusión porque algunas frases destilan cierto cinismo, pero ahora mismo la sensación final tampoco es humor.



Quédate conmigo tampoco me parece terror a pesar de tener zombies y algunas escenas de estas de mal rollo muy bien ejecutadas. Igual que, por ejemplo, la buena ciencia ficción, el escenario es un poco lo de menos porque lo importante viene marcado por esa historia de pareja, odio e infidelidad definida por el hecho de que la novia muerta acaba volviendo a la vida para acabar continuando un poco el status quo de amor-odio y perpetuar la maldición de seguir juntos a pesar de todo...

Y al final todo se define en una historia de desamor y de dos personas que no pueden vivir juntas pero tampoco separadas.

A nivel narrativo Quédate conmigo consigue un ambiente que roza lo enfermizo y sin embargo es capaz de conjugarlo con una melancolía extrema. Incluso en los momentos más radicales de violencia emocional, hay un punto de asociación hacia la felicidad.


En primer momento de violencia física justo antes de la muerte, que transcurre junto a fotos de mejores tiempos y una música mucho más reposada. En detalles como el baño o el vídeo del parque uno ve la realidad de dos personas que, a pesar de todo, no quieren darse por vencidas, y que, incluso sabiendo que no tienen futuro, ni la muerte les impide separarse…

Este ambiente minimalista y la sensación de angustia se ver perfectamente reforzado por la interpretación de Macarena Gómez y Pablo Turégano, y se complementa con el punto final donde ambos se ven destinados a seguir juntos en la muerte, el contrapunto agridulce a todo lo demás.


Uno de los pequeños problemas que tengo con el corto es la inclusión de alguna escena más digna de REC que de una historia romántica. No es que sean momentos que no funcionen, al revés, lo hacen porque los FX son espectaculares, pero me resultan un poco fuera de lugar en el ambiente general del corto y su realización sobria. Pero incluso así, no dejan de ser anécdotas en el cómputo general, que sigue siendo excelente.

Zoe Berriatúa me parece mucho más discreto como director que algunos de los analizados anteriormente, pero no en un sentido despectivo, sino en el hecho de que parece que no quiera hacerse notar mucho. Aun así, ciertos juegos de cámara me parecen fabulosos, como el contrapicado en la cama, la escena al despertarse, o esos primeros planos a partes de la supuesta amante que delatan al protagonista. Sin embargo es en el montaje y sobretodo en la conjunción musical donde Quédate conmigo me parece que va por delante.

En definitiva, un corto más digno de elogios y que demuestra que el cine en nuestro país tiene mucho más talento del que se le reconoce.

Pedro Pérez (aka Findor)