19 febrero, 2011

El triunfo de la mediocridad

Muchas veces me pregunto porque tengo que ser exigente, la gente me pregunta cómo es posible que no me gusten ciertas películas, que si soy un rancio, es un pensamiento recurrente que suele ser espoleado por algunos momentos y conversaciones con personas menos sibaritas en gustos cinéfilos, me pregunto si no sería más fácil dejarse llevar e intentar eso de disfrutar del cine, total, la vida es corta, no estamos aquí para sufrir, bla, bla, bla...

Sin embargo ante una afirmación tan inocente se esconde una trampa... No creo que sea descabellado pensar que ante cualquier elección una persona sensata decide optar por la mejor opción. Las cosas que pueden influir en que esto no se cumpla son el desconocimiento, el dinero, la parte estética... Se podría incluir la información sesgada, como la que ofrece la publicidad, pero es una forma más de desconocimiento. Es una suposición lógica pensar que si una persona decide comprar un televisor y tiene dinero e información, elegirá la mejor disponible en base, sobretodo, a que hay gente experta en el mundo que es capaz de emitir un juicio sobre un televisor en base a su conocimiento.

Supongo que veis por donde voy, no creo que este descubriendo nada nuevo. A todo el mundo le gusta la excelencia, todos querrían ser exclusivos, tener cosas mejores que su vecino o esos familiares odiados, lástima que el dinero lo impida...

Pero el cine es "gratis"... Podría entender, en una afirmación impertinente, que la gente que no pueda pagarse una cena en el Bulli se autoconvenza de que un cocido es mejor, entiendo que con las cosas caras la gente no sea exigente por no poder permitírselo, pero el cine es "gratis", incluso si no lo es, el precio de las entradas y de los blu-rays no dependen de la calidad de la película. Voy a subir un grado más esta impertinencia para decir que no entiendo porque ante la posibilidad de conseguir gratis cualquier película del mundo en un tiempo mínimo, la gente sigue eligiendo ver cine mediocre.

Es evidente que si todo el mundo consume productos mediocres y los acepta sin más, la mediocridad se convierte en el paradigma de calidad. Uno de los problemas que veo no es que el cine sea mediocre o que no haya buenas películas, porque las hay, el problema es que cada vez que aparece algo ligeramente diferente a ese punto medio, se le empieza a llamar obra maestra.

Stephen Hawkings decía en la introducción de "Historia del tiempo" que cada referencia o formula matemática que aparece en un libro, son lectores que se pierden, sin embargo, siendo de ciencias, al hablar de esto no puedo evitar pensar en las campanas de Gauss.


Yo creo en la estadística, no por nada es uno de los pilares de mi trabajo. Siento que seré un aguafiestas para algunos, pero todo esto del criterio no deja de ser, de forma simplificada, un corte en esa campana que decide hasta que punto de mediocridad uno es capaz de soportar.

Vuelvo a repetir que esta "lucha" no es contra el cine mediocre, este tiene que existir, es lo que da forma a la campana, no es un tema de decir que cine es mejor que otro, mi problema es contra el conformismo que acepta ese cine, personalizado en miles de críticos que sólo miran su ombligo y que gracias a internet pueden tener voto (incluido yo) y acompañado por los medios que exaltan la calidad en base al dinero que reciben. Esto no va de crear lobbys o grupos elitistas o de creerse superior a los demás, va de creer en un público más exigente que repercuta en la calidad del cine y revitalice el medio, porque a la larga será mejor para todos. Sé que es un pensamiento excesivamente idealista, pero nada me impedirá intentar llevarlo a cabo.

En el fondo da igual el tipo de cine que defiendas, el objetivo no es otro que el de ser exigente con lo que ves... Siempre que hablo de esto acabo repitiendo la misma frase: el problema de no esperar nada de una película es no obtener nada de ella y conformarse.

Pedro Pérez (aka Findor)