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25 mayo, 2009

DISTRIBUCIÓN Y BUROCRACIA: EL ASESINATO DEL ESPÍRITU



Antes de que sigáis leyendo, me declaro único responsable de cada una de mis opiniones (y a veces, insultos) sin que nadie pueda responsabilizar a esta web ni a ningún otro. También comentaré que ninguna de las anécdotas que me han ocurrido tienen que ver con la calidad del film (por si a alguien le da por decir que me lo merezco todo porque, según él, mi película sea mala) pues prácticamente casi nadie de los causantes de ellas lo ha visto ni siquiera.

Pues sí, con la burocracia hemos topado. Pero no sólo con ella, sino que una vez solucionada y satisfecha ésta, los problemas se agravan en un área que no acepta y no tolera nuevos miembros con los que tuviese que compartir alguna migaja. Todo me hace ver que de nuevo soy un tonto y que tantos y cada uno de mis esfuerzos no han servido ni van a servir absolutamente para nada.

Empecemos desde el principio, por lo más fácil y “placentero”. Resulta que si una película no es reconocida por el Ministerio de Cultura – ICAA, es como si oficialmente no existiese y no fuera una película de verdad ni jamás sería considerada tal, además de que encima el propio artista estaría cometiendo una serie de delitos al luego comercializar o exhibir su propia obra. Sí, así es, de hecho un dato que siempre me ha fastidiado es que en actos como los Goya o las galas de Egeda o notas de la Academia, suelen comunicar cada año que se hacen unos ciento y pico cortometrajes españoles, cuando todos sabemos que sólo ya a los festivales se envían entre 3 y 4 veces más. Sólo aquellos que han sido reconocidos por el Ministerio de Cultura son considerados cortometrajes, y el resto no existen, como a mí me había ocurrido antes. E igual con los largos. Pero que lo reconozcan no es tan sencillo como registrarlo y ya, no, sino que exigen que seas una empresa. Ahí ya me espantaban a mí y otros interesados, años atrás, pero tras no asustarme esta vez y decir “si hay que hacer una empresa, se hace”, se me ofreció una gran cantidad de papeleo y burocracia. Ir al Ministerio de Hacienda para hacerse empresario y rellenar formularios venidos de otra enigmática galaxia, ir al Ministerio de Industria y registrar marca y logotipos, pagando tasas que quitan el hipo. Volver al ICAA con todos los papeles y rellenar más. Y descubrir en mi siguiente visita que habían escrito mal el nombre. Por 3 veces. Primero dice el señor que es que la letra no se entiende; tras mostrarle que es Times New Roman, entonces dice que el nombre es muy raro… pues lo siento mucho si no me llamo “Paquito el de los Calamares” pero yo le pongo a mi productora el nombre que me dé la gana. Luego para la película, rellenar otro montón de documentación, avisar de cada fecha y cosa que se fuera haciendo y tras acabarla llevarla a que la examinen: alguien se gana la vida viéndose las películas antes que nadie en un sótano, y decidiendo para qué edad son. La forma que tienen de registrarla y considerar que esa película existe es mediante esa calificación y mediante certificarla como española. Si gran parte de tu equipo fuesen extranjeros, se marginaría a la película no certificándola como española y castigándola con mucho más papeleo y burocracia internacional. Así integra el Gobierno a los emigrantes. Por suerte yo sólo tenía en el equipo a 3 paraguayas y un argentino y cumplía el cupo de españoles. A pesar de todas estas peculiaridades, el trato del personal fue bastante bueno y resultó algo hasta divertido.

No podría decir lo mismo del Registro en la Propiedad Intelectual, esta vez en otra provincia. El encargado me habló en todo momento con prepotencia y desprecio, sin la amabilidad de los sitios previos. Me presenté allí en taxi desde mi ciudad con un certificado del músico que se sentía indispuesto esa mañana y ya había quedado en ir. Nada más verme aparecer sin el músico, y a pesar de su DNI, autorizaciones, etc., el encargado no me dejó ni hablar ni enseñarle esos documentos y me dijo que me largase. Le intenté explicar la situación por las buenas, pero se puso aún más tenso y duro. Entonces ya perdí los estribos (mi tontura es limitada) y le grité y le dije de todo al muy bastardo, haciéndole ver su inhumanidad y desprecio al artista; están para servirnos no para extorsionarnos. Es más, si yo hubiese engañado y dicho que yo también era autor de la música, no habría tenido problema en el Registro, pero por ser bueno y reconocer legalmente la labor y el nombre del músico, me lo ponían así. Dicho de otro modo, con su intransigencia paradójicamente el Estado está favoreciendo que no se reconozca el trabajo del músico para evitar estos problemas (de la misma manera que vendiendo la píldora del día después en las farmacias, están logrando que se extienda el SIDA, al poner tan fácil el saltarse la ética), así es la burocracia y el Estado. Aún así mi ética me impedía esto y al día siguiente volví a ir con el músico, y pagar otro carísimo taxi, y registramos la obra.

Llegó el turno de las distribuidoras de cine. La gran mayoría ignoraron mi petición, sin querer ver el material. Sólo un pequeño puñado aceptaron. Y de esas están las que demostraron no vérselo siquiera, las que me ignoraron y hasta alguna que, incluso gustándole la calidad, dijo que no iba a interesarle a nadie solamente porque no tenía actores famosos. Eso lo dijo en concreto DeaPlaneta, tratando al público como idiota y contribuyendo a que la sociedad sea cada vez más manipulada y tonta.

Entonces intenté por mi cuenta, ya que me saqué todos los permisos legales necesarios. Kinépolis me pedía unos 1.200 euros y sin permitirme cobrar entrada, diciendo que eso sólo las distribuidoras e ignorando que el ICAA y el Gobierno me consideran a mí tan distribuidora como a esas. Peor fue la empresa Cinesa que, además de que en cada cine me decían una cifra diferente, en concreto en el de Proyecciones (Fuencarral) me pidieron 3.000 euros y sin poder cobrar entrada. Tras decirles (sin cortarme) que eso era abusivo y que en Kinépolis me cobraban 1.200, me volvió a escribir el mismo contacto de Cinesa Proyecciones que me lo dejaba en 1.500 y sí me dejaba cobrar entrada. Vaya, en una semana cómo cambian las cosas cuando uno se impone, lo que demostraba que ni los 3.000 ni los 1.500 ni si cobro o no entrada eran tratos justos y estipulados, sino intentos de aprovecharse de un joven ilusionado.

Sobre la venta/alquiler en DVD el ICAA me dijo que por ley tenía que esperar 4 meses desde la calificación para cines. Así que esperé y fui enviando a festivales. Ahora que ya tengo la licencia para vender los DVDs, me encuentro con que Fnac no me permite venderlos porque no soy una distribuidora con muchos títulos y para uno sólo es muy mareoso para ellos darme de alta. Y para venderlo en USA, el Ministerio de Tesorería de allí obliga a que mi intermediario les dé un porcentaje de las ganancias en concepto de impuestos (en un país del que no soy residente y que con esos impuestos no paga ni Sanidad ni subvenciones, sólo guerras), por lo que me exigen que envíe un montón de papeleo y burocracia a dicho Ministerio del Gobierno de los EEUU, sin garantizar que me lo vayan a conceder y no pudiendo vender allí hasta entonces.

Vamos, meses de trabajo estúpido y para nada, así es todo. Y aún me quedarán varias aventurillas absurdas más con las que me tope.

Pedro Jaén R.

26 marzo, 2009

¿POR QUÉ?



Llevo un buen tiempo sin escribir, y aunque no quiero convertir este artículo en una lista de excusas, va sobre ello porque es lo que necesito y tengo que contar.

Primero, y muchos sabéis de qué hablo, lo que significa terminar una película. Etalonar, durante horas, días, y a menudo todas las horas del día. Revisar. Doblaje. Papeleo del Ministerio. Mezclas de sonido. Más etalonaje. Renders. Más mezclas. Más burocracia. Se rompe la matriz del estudio. Más renders en HD. Mezclas finales. Imprimir carteles. Creación de menús del DVD. Programarlo. Diseñarlo. Prensa. Reuniones. Diseñar carátula. Render del DVD. Revisar. Volver a renderizar. Ruedas de prensa.

Y el preestreno de Tras los pasos del Bandolero (más info en www.pedrojaenr.es ).

Y justo pocos días antes del preestreno me ocurrió algo extraño e inexplicable. En mitad de la noche, me asaltaron ideas muy raras y enigmáticas, en lo que podría calificar de "crisis existencialista", acompañada de pánico, ahogo, taquicardia... No quiero parecer pedante ni pretencioso, pero es que realmente la causa no tenía nada que ver con mi película ni mi realización como cineasta, sino que era filosófica y cósmica.

Fue un largo momento de verdadera pesadilla, imposible de explicar en palabras y en el que fui atacado por mi conciencia atea y nihilista. Además de la sensación de que la realidad no es real y que todos los conceptos aprendidos sobre la vida no son más que simplificaciones utópicas, me llegó la duda del porqué de lo que hago. Los humanos hacemos arte, según creo, por lo mismo que procreamos, para dejar nuestra huella en el futuro y en la eternidad. Pero si según esas ideas que me aterrorizaron, nada es eterno, y los científicos dicen que hasta la especie humana y el Sol acabarán desapareciendo, ¿por qué dedicamos nuestra vida, esfuerzos y hasta horas de sueño en crear algo que probablemente no perdurará? Si el arte ni siquiera sirve para perdurar más de unos cuantos siglos (en términos metafísicos o eternos, eso es un respiro), ¿para qué sirve? He dedicado toda mi vida a hacer algo que ahora, de repente, me parecía absurdo y estúpido. A lo largo de la vida, en vez de encontrar respuestas, las voy perdiendo. He descubierto que soy un verdadero "tonto", pues hago, o he hecho, cosas a las que no encuentro ningún sentido y quizá no sirvan para nada. No me refiero a su calidad (con la que estoy muy contento) sino en un sentido más Amplio. Si chocamos con el ateísmo, con la inconsistencia de la realidad, de la existencia y de la eternidad, ¿cuál es la verdadera finalidad del arte?, ¿de qué sirve el progreso, abocados a la destrucción? Si alguien es capaz de darme una respuesta lógica, le invito a una caña. Quizá me devuelva la fe, en el arte y la vida, pues ahora siento que ser artista es tan absurdo y de malgastar el Tiempo, como lo es para los peces de mi acuario pasarse el día quietos pegados al cristal mirando "no sé qué".



P.D.: antes de que nadie me ataque por ello, aclaro que no se trataba de ser pedante, sino de contar lo que necesito contar; y que lo de artista no es de ser creído, pues se puede ser bueno o malo (y no me meto en de qué grupo soy) como en cualquier trabajo, y ser artista es mi profesión, que por cierto es como otra cualquiera, ya sea camarero, lechero... salvo que da menos dinero, pero no sobrevaloremos el concepto "artista" ni infravaloremos el resto de profesiones.

Pedro Jaén R.

14 febrero, 2009

La Tumba del Sr. Aguado


Tras salir la lista de finalistas del Notodo, la crítica de todo el mundo se manifestó reivindicar la ausencia del film "La Tumba del Sr. Aguado", la gran obra del festival. Por alguna razón no se ha incluido esta ópera prima del genial ME-MANIA. Genialmente interpretado y brillantemente realizado, el short film debería exhibirse en las salas de cine de todo el mundo, dado su carácter universal. Por suerte para todo amante del buen cine, El Sr. Aguado estará disponible en formato DVD y Blu-ray.. proximamente. A continuación mostramos un par de escenas eliminadas que podréis encontrar en los extras de ambas ediciones. No tienen desperdicio. ¡De rabiosa actualidad! (Y demás frases con garra):





Os dejamos ya con la película. ¡No pestañeéis durante todo el metraje! Que por otro lado tampoco es harto complicado tratándose de 30 segundos; eso sí, 30 segundos de lo más intensos. Disfrútenla (es una orden):



By: ME-MANIA

29 junio, 2008

LOS CRONOCRÍMENES: EL SER Y EL TIEMPO


ATENCIÓN SPOILERS: El análisis que están a punto de leer contiene datos esenciales del desarrollo de la trama. Quedan pues advertidos nuestros fieles. Allá cada uno y su conciencia...



Una vez cada cierto tiempo, ocurre en la pantalla grande algo realmente especial; ocurre en contadas películas, y debido a las tendencias acumulativas de los últimos cines, ocurre cada vez con menos frecuencia. Pero de vez en cuando, una película logra alinear fondo y forma, guión y realización, intenciones y resultados, en una ecuación cósmica capaz de hacernos disfrutar de una forma nunca antes experimentada.

En efecto, es el caso de “Los Cronocrímenes”.

Nacho Vigalondo ha estrenado su película. Una sentencia vulgar a priori, máxime cuando estamos acostumbrados a presenciar los tránsitos de su figura multiplicada en opiniones, banalizada hasta la náusea en el sistema ocular arácnido de los foros de Internet. Pero lo cierto es que ahora nada de eso importa. “Los Cronocrímenes” está siendo proyectada en los cines de toda España, y todos podemos asistir a esta inyección de puro talento narrativo, a este oasis laberíntico que en sus 80 minutos escasos plantea una intensa y gratificante dialéctica con su audiencia. Una película en suma en la que, paradójicamente, se olvida el reloj hasta los mismos créditos finales.

Vigalondo viene demostrando desde los inicios de su carrera en el cortometraje que a su talento le sobran las situaciones amplias: desde “Código 7” a “Domingo”, pasando por la nominada al Óscar “7:35 de la mañana”, su maestría en el empleo del contexto, y su facilidad para no consumir sus creaciones en el mero ejercicio de estilo (sin duda el gran cáncer del cortometraje español actual), le han valido la merecida fama de gran talento, promesa blanca, semilla nueva y demás epítetos monacales. Riguroso e imaginativo teórico de su propio arte, al modo de los cineastas europeos de los 60 (costumbre ésta desafortunadamente en desuso en el cine actual), y fiel a sus acostumbradas premisas minimalistas, en ésta, su ópera prima en el largometraje, le bastan cuatro personajes y un par de escenarios para elaborar un soberbio ajedrez de la lógica y la condición humana.


Resulta arduo enfrentarse al ejercicio crítico preciso de una película soslayando los giros de trama, cuando la misma se alimenta casi exclusivamente de esos giros. En plena era dorada del spoiler, del giro inesperado aunque lógico de los acontecimientos, Vigalondo recicla las herramientas estructurales implantadas por la nueva ficción televisiva americana para ofrecernos, mediante su alquímica labor de cineasta, nada menos que el espectáculo de nuestra propia inteligencia. Efectivamente, la honestidad de su trabajo le convierte en mediador tanto como en artífice: sin semiologías vacuas, sin alardes de realización, con una factura feísta y funcional, nos sorprende con un artefacto sin fisuras, lineal desde el fragmento, capaz de mostrarnos la información en la misma proporción con que nos invita a extraer nuestras propias conclusiones, con un hábil juego de manos que nos desintoxica de la habitual (lineal, incoherente) tónica de las películas sobre viajes temporales.

No obstante, sería injusto adjudicar a este filme la condición de mero ingenio narrativo (que no sería poco). En especial porque este aparato, aún brillante en su concepción, no es más que la perfecta autopista para un festival ontológico en torno a Héctor, el protagonista transformado en inocente antagonista, para finalmente acabar perpetrando un crimen atroz con objeto de alcanzar algo así como un final feliz. Y esto se hace evidente en la medida en que no son tan importantes las paradojas temporales como las emanadas del propio comportamiento del personaje, obligado por éstas: así, durante la frenética cinta, asistimos en primer lugar a la configuración de una Némesis casi mitológica, la icónica momia rosa, para más adelante reconducir el punto de vista hacia una segunda versión de Héctor, que cae en la cuenta de su condición de antagonista y acaba convirtiéndose en una revisión desmitificada del monstruo que le perseguía, en un villano esforzado en serlo. Es esta dinámica de decisiones puestas en práctica según informaciones sesgadas, la que ocasiona que la resolución de un problema cree otro mayor, en una cebolla estructural cuyas capas son presentadas desde el núcleo hacia el exterior, y a cuyo término nos espera una conclusión inquietantemente inofensiva.


La oposición de las cartesianas inclemencias de los viajes en el tiempo al carácter marcadamente humano del protagonista (a pesar de las explicaciones del científico sobre su “doble”, no acaba de entender qué hace su mujer “con otro tipo”), produce por tanto la chispa de un acontecimiento cinematográfico diferente y único, en el punto exacto entre la obra de entretenimiento y la de autor, sin caer en la ingenuidad conceptual de la primera (véase “El efecto mariposa”), ni en la augusta presuntuosidad de la segunda (véase “Primer”). Definitivamente Nacho Vigalondo se revela con su ópera prima como el autor ideal, equiparable en carácter y funciones con el científico al que significativamente interpreta en su propia película: un compañero inteligente y humilde que nos acompaña siempre un paso por delante, preparándonos el terreno para una fiesta sorpresa dedicada exclusivamente a nosotros: la prodigiosa, turbadora e inesperada fiesta de su cine.

29 diciembre, 2007

NO DIGAS NADA

La inocencia del asesino en serie


No digas nada es, según dicen, el filme del escándalo. A punto de ser tachado con la temida X en la calificación por edades por apologético de la violencia, irónico y mordaz desde su mismo título, defendido como un sano divertimento sin prejuicios por unos, dilapidado como un atroz sintagma de diabólica influencia por otros… lo cierto es que su letal reflexión ética funciona más allá de una mera crítica a la pérdida de los valores en la actual juventud. Como enunciaba el Marqués de Sade en La filosofía en el tocador, “Nada hay más contagioso que el mal”. Con esta premisa devastadora y certera, el argumento soslaya cualquier planteamiento paternalista, para exponernos con limpieza la propagación imparable, en un instituto de provincias, de una noticia más que jugosa (el asesinato de dos personas a manos de una compañera), encendida como una mecha de dinamita, que acaba tomando la forma de aberrante cónclave de asesinos y mutuos cómplices.

A pesar de beber de la comedia estadounidense más gamberra y sin pretensiones, el artefacto de negrísimo humor de No digas nada (tan sólo desfavorecido por un primer tramo algo indeciso y poco congruente, ampliamente superado al poco de avanzar el relato), tiene mucho de español. Y entiéndase “español” como goyesco contraste de tan inquietantes actividades con el descacharrante y cercano entorno de una comunidad de barrio. Un negrorrealismo que ya quedara desempeñado en la colisión “pena de muerte-entorno turístico” que tenía lugar en la Mallorca de El verdugo (Luis G. Berlanga, 1963), y que se ratifica en la presencia constante de personajes que, amparados en su condición de individuos prejuzgados, corrientes, esconden (entierran) algún tipo de secreto: desde la pareja de maduros profesores amantes en la clandestinidad, hasta los basureros gays, pasando por una no reconocida relación interracial, la “vergonzante” pérdida de la virginidad o las tretas para escabullirse del trabajo del propio detective encargado del caso. Pero la cinta no descubre únicamente lo hilarante del contagio masivo del mal (identificado en todo momento con revancha o perversa forma de justicia) en un ámbito más o menos inmediato: también descubre la comicidad absurda del muerto, del cuerpo sin vida cayendo con su peso en la fosa, sin más. Del “señor que se ha muerto”. Con un humor irreverente por despreocupado y amoral (cercano incluso, en su concepto del humorismo deshumanizado, al absurdo más mihuriano), No digas nada no busca la identificación facilona con el público adolescente basándose, como sus homónimas americanas, en la explotación del consabido tono erótico-festivo: más bien entronca con un deseo más íntimo que el de las epidérmicas revoluciones hormonales propias de aquellos maravillosos años. Concretamente, con el ansiado mito del crimen impune.


Todos hemos deseado que las barreras morales desaparecieran durante el tiempo suficiente como para vengar (definitivamente) las pequeñas mezquindades de la vida diaria; máxime en unos años traumáticos como los de la adolescencia, en los que el descontento con la propia identidad y los intrincados vericuetos de la diferencia nos llevan al camino de la frustración. No sólo Silvia, la homicida original, es incapaz de evitar (siempre entre llantos) ser la protagonista de una escalada delirante de violencia y muerte al revelarse contra aquello que detesta: también sus compañeros, desde la joven que descubre en sí una sexualidad que todos juzgan excesiva, hasta el mismo protagonista, líder natural pero incapaz de interesar a la chica que le atrae, constituyen una galería de embrionarios monstruos cotidianos, que en su inocencia transitan de la lealtad al crimen despiadado, sin apenas percibir el dislate de semejante conversión.

Y es que, si hay un descubrimiento en la película, es el doble significado asignado al término “inocencia”: está claro que los protagonistas son “culpables” de horribles crímenes, pero su culpabilidad se debe a la administración lógica de una naïf candidez. Alejándose como decíamos de planteamientos hipócritas y gazmoños (no sin por ello renunciar a importantes dosis de simpatía y ternura), la película plantea una inquietante paradoja: sólo el deseo de violencia nos equipara. Nada hay más distante en un aula que los personajes-tipo interpretados por Jimmy Barnatán (como el violento y entrañable Rodrigo, un fumeta bastante pasado de vueltas) y Darío Paso (en el sensible y oscuro papel de Joaquinito, el empollón de la clase); sin embargo, el interés común por el crimen y la venganza les llega a unir en un pacto de lealtad apenas identificable con la naturaleza del mal. Diríase que Jiménez Luna ha conseguido un paso más allá del que diera Alfred Hitchcock en su Psicosis (1960). Y entiéndase la comparación en su justa medida: allí la protagonista, ladrona coyuntural de 40.000 dólares, quedaba eximida de culpa debido a sus particulares circunstancias personales, y definitivamente santificada de cara al público por el asesinato en la ducha; tras esto, Norman Bates era seguido por una audiencia temerosa de su destino, a través de la cuidadosa ocultación de las huellas del crimen de su madre; pero aquí es el mismo crimen el que queda perdonado (incluso secundado) a los ojos del espectador, con un tono más cercano al Arsénico por compasión de Capra (1944) o al Monsieur Verdoux de Chaplin (1947), que a su referencia más evidente en Escuela de jóvenes asesinos (Michael Lehmann, 1989). Todo ello gracias a un insólito e inteligente empleo de los mecanismos del pacto de ficción y un exclusivo diseño del punto de vista, que hace del casting coral un sólido mecanismo, apenas disuelto en alguna ocasión con la voz over del obligado protagonista teen.


En cualquier caso, y a pesar de estériles polémicas y malintencionadas críticas deseosas de convertir esta pequeña joya de humor negro y surreal en toda una sangrienta apología de la violencia, nos encontramos ante una ópera prima que deslumbra por su riqueza y complejidad de conceptos antes que por sus resoluciones (que por lo demás son más que decentes). Un ejemplo claro de que Felipe Jiménez Luna es alguien llamado a ser uno de los grandes. Porque sabe darle al público lo que quiere. Y porque sabe que el público no tiene ni un pelo de tonto.

27 diciembre, 2007

¡MERECEDLO!


Felipe Jiménez Luna ha tenido que esperar 11 años para debutar en las taquillas españolas, así están las cosas. Y no, no es que el chaval tenga 11 años, es que el chaval (ya no tan chaval, claro) fue dueño hace 11 años de TE LO MERECES, un exitoso clásico del cortometraje español donde los haya que predecía (y superaba) el aquél sobrevalorado Show de Truman del infravalorado Peter Weir. Si hay una película (sí, película) referencia sobre el tema de la poca intimidad que puede llegar a hacer padecer una cámara, esa es TE LO MERECES. Encima, es una pieza de estudio, ya que saca interpretaciones solventes de LO IMPOSIBLE.

NO DIGAS NADA se llama la obra larga que le pone en la industria y se estrena hoy en toda España. Ve a verla, anda, aunque solo sea por la curiosidad de saber qué esconde un autor que nos habla tan clarito y tan de frente desde los mismos títulos de sus obras: "TE LO MERECES" y "NO DIGAS NADA". Seguro que la siguiente se llama "¿ESTÁ CLARO?", a lo que nosotros responderemos "cristalino".

VE.

Trota "Te lo mereces" “AQUÍ”


07 diciembre, 2007

VIGALONDO (2007) CRONOCRÍMENES DE LOS NACHO




Cerezo 1: ¿Y este imagen? Si está obsoleta, ¿no?
Cerezo 2: Con el link que pondremos al final, tendrá sentido.
Cerezo 3: ¿Ein?
Cerezo 2: Bueno, qué, ¿nos ha gustado o no?
Cerezo 3: Sin spóiler que, mirad a la derecha, aquí hay peña escuchando.
Cerezo 1: Pues yo estoy algo desconcertado, ¿eh?
Cerezo 3: ¿Por?
Cerezo 1: Joder machos, porque la economía de medios a veces le hace pupa, ¿eh? La fotografía en el plano de...
Cerezo 2: No jodas tío, por ese lado no, que es Nacho, coñooooooooooo. Además, lleva el rollo serie Zetosa, feísta y todo eso que...
Cerezo 3: Mala defensa es ésa...
Cerezo 2: Bueno, pero el SONIDO es acojonante.
Cerezo 1: Eso sí, ¿ves? Los fueras de campo que se apoyan en el sonido dejarían en pelota a su adorado Mctiernan, a cocina vista.
Cerezo 2: Y la música del Mira, a mí me ha molao, ¿eh?
Cerezo 3: Tiene momentos que son bastante de "levantar la ceja" y un "do malvado", ¿eh?
Cerezo 1: Pfffffff, bueno, pero se apoya en el rollo Zetoso y feísta ése, pega. Además, tiene texturas y efectos que son realmente desasosegantes. El mejor trabajo de Mira hasta la fecha es la banda sonora de Los Cronocrímenes, y se acabó.
Cerezo 2: Sí.
Cerezo 3: Sí.
Cerezo 2: Oye, y qué tetas la Goenaga, ¿eh?
Cerezo 1: Para mí, ese momento entronca directamente con la antología que os apetezca.
Cerezo 3: Un gran logro, qué duda cabe. Y espléndida Bárbara ahí, muy sobria.
Cerezo 1: Y no sólo ahí, eh, la tía está muy contenida en toda la película. A mi es la que más me ha gustado.
Cerezo 2: Sí, porque el Karra, pufffffffffffff
Cerezo 3: Pero está doblada casi toda la película, ¿no?
Cerezo 1: No sé, pero en general me ha sonado todo como demasiado falsete, muy a, b y c en todas las citaciones del texto.
Cerezo 3: No te pongas soplapollas. A mí Karra, con toda su mímica de acción, me ha cumplido.
Cerezo 2: Y Nacho, creo que es su mejor papel, ¿eh?
Cerezo 1: En cualquier caso, se ha puesto bien a cubierto. Realmente Nacho es él mismo, dirige la operación y dirige la película. Metalenguaje puro.
Cerezo 2: Sí, cumple, cumple.
Cerezo 3: Oye, la que hace de mujer de Karra no me ha gustado nada, ¿eh?
Cerezo 2: Ni a mí.
Cerezo 1: Es insalvable, qué duda cabe.
Cerezo 2: En los aspectos que NO tienen que ver con Nacho, yo me quedo con el sonido, sin duda.
Cerezo 1: Ya, pero...
Cerezo 3: Porque el guión es una jodida reflexión acojonante, os habrá encantado, ¿no?
Cerezo 2: Me pasa igual.
Cerezo 1: Sí, lo noto.
Cerezo 3: Es que no se me ocurre otra manera mejor de debutar quedándote a gusto: ¿qué homenaje al cine es mejor que una peli de viajes temporales? El cinematógrafo siempre será para todos una maldita máquina del tiempo. Para los que lo ven, para los que lo hacen.
Cerezo 1: Sí, bueno, pero además al Vigalondo es un tema que le encanta.
Cerezo 2: Y no sólo él hace papel de su alter ego, sino que encima Karra hace de espectador, director y guionista de la historia, en cada tramo.
Cerezo 3: Hostias, y ese plano que se sientan "a ver qué pasa".
Cerezo 1: Por no hablar del maldito plano final, que creo que es ése. ¿Cómo lo ha hecho el mamón?¿Cómo "han volado" así?
Cerezo 2: No sé, pero también tiene grandísimos momentos, como La momia rosa autodescubriéndose en el espejo retrovisor del coche.
Cerezo 3: Ostia puta, sí, y realmente eso explica toda la película. Los soplapollas que dicen que hay un fallo en el bucle porque no saben cuándo empieza deberían estudiarse ese momento...¡VIVA LA FICCIÓN Y LOS NO PORQUÉSES!
Cerezo 2: ¿Qué fallo?
Cerezo 1: El mismo que te hará creer que un hombre puede volar, no te jode. Fallo, fallo...
Cerezo 3: El guión es como un post muy inspirado en su blog, ¿eh?
Cerezo 2: Sí, es que la peli es muy Nacho Vigalondo.
Cerezo 1: Sí, y Darkman.
Cerezo 3: JAAJAJAJJAJAJAJAJAJAJ
Cerezo 2: AJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJ
Cerezo 1: ¿Qué?
Cerezo 2: El "busco referencias, luego existo" no lo emplees con nosotros, amigo. Que nos (te) conocemos.
Cerezo 1: Joder, pero las vendas y...
Cerezo 2: JAJAJAJA, las vendas dice. Cállate la puta boca.
Cerezo 3. La película es personal de cojones, digo. Y Nacho hace lo mismo que Sánchez Arévalo con su AzulOscurocasinegro, dejar atrás la cinefilia para firmar la película con pluma y espada. Es que la cinefagia mata, todos los cortometrajistas están debutando del mismo palo: "mi película será una referencia a tal, o cuál". Y claro, de eso no se entera ni Dios, y les salen mojones.
Cerezo 1: Y qué tetas la Goenaga, ¿eh?
Cerezo 2: Si, buen trabajo.
Cerezo 3: Secundo.
Cerezo 2: Oye, entonces...¿nos gusta?
Cerezo 1: Nos gusta, sobre todo de texto. Es una película muy remitida a su texto, muy confiada. No quiere estorbar con otros elementos.
Cerezo 3: Coño, sí nos gusta, sí.
Cerezo 2: Es que la debería adorar todo cortometrajista. Es un ejemplo claro de cómo debutar sin dejarte de lado a ti mismo ni a la cinefagia. Y que ésta última encima no moleste a tu película.
Cerezo 1: Eso es.
Cerezo 2: Oye, ¿y por qué no se vende en España entonces?
Cerezo 1: Bueno, ya sabes. Hazlo.
Cerezo 3: ¿Ya?
Cerezo 1: Ya, hazlo.
Cerezo 3: PUES LINKEMOS