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27 septiembre, 2013

Cortópolis VIII

Como hombre de ciencia, suelo ser una persona con una predisposición bastante favorable a los experimentos. En muchos casos, si uno no sabe como puede funcionar algo, lo mejor es probar y ver que pasa...

A partir de este mes, Cortópolis y yo hemos decidido experimentar y probar a ver que tal sale una crónica a distancia. La crónica oficial es algo que tenía muchas ganas de hacer pero, como ya he dicho en ocasiones y a pesar del AVE, obligaciones laborales me imposibilitan asistir todos los meses al evento. Sin embargo, las ganas no me van a impedir hacer esto como si estuviese allí todos los meses. Es evidente que me perderé el ambiente y algunas cosas sobre las que será difícil opinar, pero eso nunca ha sido problema en España para que la gente hable como si supiera de todo, así que...

Una de los temas importantes de esta edición será la presentación oficial de la Academia del cortometraje. A pesar de no estar metido directamente en este mundo, me parece genial cualquier iniciativa que dé visibilidad al cortometraje intentando sacarle de la categoría de género menor. Le deseo toda la suerte del mundo a Cerezo y al resto de implicados en esta nueva aventura.

Cortópolis ya va por la octava edición y a pesar de los posibles altibajos, ya me gustaría a mi tener cada mes dos o tres películas de calidad tan alta como los dos o tres cortos equivalentes que se estrenan cada mes en Kinepolis. Lamentablemente no he podido ver todas las ediciones para comparar, pero desde luego en Septiembre he visto al menos dos cortos que me han parecido de lo mejorcito de este año, así que vamos a ello.

The Narrative of Victor Karloch (Kevin McTurk)



El subtítulo creo que da una idea clara de lo que uno verá en este corto, una historia de fantasmas victoriana con marionetas, pero para lo que no te prepara es para el despliegue artístico del que hace gala el cortometraje de un profesional consagrado de los efectos especiales como Kevin McTurk. No solo el diseño es sublime, es que además el detalle de las marionetas y escenarios es absolutamente demencial. El corto cuenta la historia de Victor Karloch (interpretado por Christopher Lloyd), alquimista y cazador de fantasmas y la lectura de un diario de su amigo William Merriwether (Elijah Wood) donde relata un viaje al fondo submarino y su encuentro con el fantasma de un templario, creando una historia gótica con toques Lovecraftianos y un ambiente maravilloso. El corto, para más gozo, está producido por Heather Henson, hija de Jim Henson y por su fundación, otra razón más de peso, como si el propio corto no fuese suficiente, para amar este cortometraje. Un gran inicio de sesión.

3665 (Miguel Á. Refoyo)


Corto post-apocalíptico de factura reposada protagonizado por Raúl Prieto. En un futuro donde la humanidad apenas existe, el protagonista de la historia busca recuerdos entre la desolación para evitar que la memoria de la humanidad desaparezca. Rodado en un ambiente fantasmagórico y con pocos medios, da una imagen bastante adecuada del ser humano romántico y altruista. Un corto muy bien rodado al que quizá le falta algo de punch visual para mi gusto (me hubiese gustado algo más sucio, pero ya es mi visión estética personal), aunque por otro lado mantiene bien la tensión y el ritmo durante todo el metraje. 

Warisover (Carlos Morelli)


Corto del Uruguayo Carlos Morelli y de producción alemana que cuenta la historia de un soldado y su aceptación después de la guerra de que nunca podrá volver a su vida normal. La frase de Platón "Solo los muertos han visto el final de la guerra." con la que acaba ilustra bastante bien el objetivo antibelicista de la historia. Rodado íntegramente en plano secuencia con un ligero movimiento de cámara, el desarrollo muestra únicamente al soldado protagonista (Sebastian Urzendowsky) hablando con su familia sobre su retorno de la guerra a casa, un detalle que da más fuerza todavía al desenlace final, un pequeño giro o descubrimiento de esos que te hace pensar con la mirada ligeramente perdida en el infinito. 

A Londres (Alberto Gallego Ortiz)


Un cortometraje casi minimalista de relaciones personales, rodado en plano corto, habitación cerrada y con solo 3 protagonistas (Selica Torcal, María Kaltembacher y Eva Llorach). Se podría considerar casi como una micro-comedia romántica. De mucha sencillez hace recaer el peso en la parte interpretativa y el pequeño giro final. Decir que a pesar de cierta previsibilidad en ese giro, no he podido evitar soltar una lagrimilla con la sonrisa correspondiente. 

Peluquero futbolero (Juan Manuel Aragón) 


Rodado en blanco y negro y con un toque muy al Álex de La Iglesia de Mirindas Asesinas, se presenta una comedia negra entre un peluquero muy aficionado al fútbol (Héctor Mora) y un cliente nocturno algo desconcertado (Jesús Soria) que lleva algunos días desaparecido. Un corto enorme, lleno de detalles visuales y que pasa de las risas al mal rollo y que además no está exento de cierta crítica social.

Record/Play (Jesse Atlas) 


Historia de amor, guerra y ciencia ficción donde una cinta y un walkman rotos son capaces de doblar el espacio-tiempo, gracias a ello el protagonista del que nunca sabemos su nombre (Mustafa Shakir) es capaz de revivir y corregir las experiencias grabadas en la cinta en busca de su compañera (Deepti Gupta). Cortometraje dotado de una fuerza visual impresionante, desconcertante a veces, sobretodo hasta que uno asume lo que está pasando, pero muy poderoso y de bellísima factura. Uno del los más sorprendentes sin duda y técnicamente diría que el mejor en todas sus facetas. 

Punched (Michael Rittmannsberger) 


Un inmigrante turco (Michael Fuith) es cacheado por la policía sin saber muy bien porqué, mientras intenta explicarle a su hijo la causa vive en directo otro acoso a un chico que ha subido al autobús sin billete. Quizá el corto más dramático de la noche y con un final que acaba dejando un poco de piel de gallina y esa sensación de vacío espiritual que fuerza evaluar las situaciones que se producen con otros ojos. Durante un momento es posible que parezca que se justifica la violencia, pero me parece una metáfora ejemplar de como las decisiones que uno toma en la vida son las que definen su futuro y probablemente como algunas decisiones más sensibles a nivel de sociedad podrían cambiar muchas cosas. 

La programación global de esta edición me ha parecido excepcional, aunque como ya he dicho, no he podido seguir todas las sesiones, tanto Victor Karloch como Punched, por quedarme sólo con dos, han pasado con nota mi nivel de exigencia y pasan a puestos elevados en mi ránking personal de este año (los otros no se quedan muy atrás, pero alguno hay que elegir). 

Veremos si para la siguiente edición se mantiene el nivel, personalmente lo espero porque para la de octubre SÍ que voy a ir... 

Pedro Pérez (aka Findor)

18 junio, 2013

El cortometraje sí tiene quien le escriba



Juan Antonio Moreno lo ha vuelto a hacer. Ya fue pionero en escribir un libro sobre el cortometraje en España y ahora vuelve a hacerlo, con un nuevo enfoque y una nueva entrega, en una obra absolutamente arrebatadora y enriquecedora.

Raúl Cerezo: Juan Antonio, fuertes buenas. Lo primero... ¿qué tal fue el libro anterior? ¿No es tan suicidio escribir sobre el cortometraje y, encima, publicarlo?

Juan Antonio: Buenos días Raúl. La verdad es que “Cine en corto” ha tenido casi el mismo recorrido que un cortometraje. Hace unos días, sorprendentemente, encontré una reseña del libro en una revista de cine, casi cuatro años después de su publicación. Ha tenido muy buena acogida y unas críticas muy generosas.

Si hay algo de lo que me siento satisfecho es escuchar comentarios como que “he dignificado la crítica del cortometraje”. No me siento tan importante, pero considero que he contribuido un poco en dar mayor visibilidad a un formato que me fascina.

R: ¿Qué te propones con este nuevo libro? ¿Habrá un tercero?

J: Pretendo establecer un punto de situación del corto en un período (2008-2012) en el que su trayecto se corresponde con esta etapa de crisis demoledora que padecemos. Frente a esta oscuridad financiera, el corto mantiene su fortaleza y se configura como un espacio de resistencia que permite una absoluta libertad creativa. Reivindico el valor del cortometraje: es un activo muy importante para la cultura de nuestro país. Respecto a un nuevo libro, de momento, habrá que esperar, es complicada la edición de libros. He dedicado más de 3 años muy duros a este último trabajo y espero que mi aportación resulte de interés. Lo que va a continuar es mi pasión por el cortometraje.


R: ¿Desde cuándo escribes sobre cortos?¿Qué te llevó a ello?

J: Desde el año 2003. Con ocasión de una conferencia que impartí sobre cine, me ofrecieron participar en la organización de un Festival de cortometrajes. Desde entonces vivo una fuerte pasión por el corto, origen del cinematógrafo.

R: ¿Cómo ves el panorama actual del cortometraje? ¿Prefieres nuestro nivel o el internacional?

J: Como he apuntado anteriormente, le veo con optimismo, pese a todo. Se hace mucho cine en nuestro país. La revolución digital ha permitido una democratización en el acceso y un abaratamiento de los costes de producción que permite que nuestros cineastas fructifiquen sus ideas, que las tienen y en muchos casos, muy interesantes. España es un país con un nivel medio más que notable. Y la prueba de la aceptación de nuestro cine en corto es la buena acogida en cuantos festivales internacional acuden nuestras producciones. Estuve en la última edición del festival de Clermont-Ferrand –la cuna del cortometraje mundial- y es verdad que siento un poco de envidia sana de los franceses, porque tienen un concepto de la cultura del que debemos aprender un poco. Siempre hay buenos trabajos en todos los países aunque me gustan mucho las obras francesas, la animación checa y los últimos trabajos polacos.

R: ¿Cómo crees que está tratado el cortometraje en España? ¿Qué festivales o pantallas destacas?

J: En España han mejorado los espacios de exhibición aunque todavía queda camino por recorrer. En “Miradas en corto” dedico un apartado a este tema y he notado que los medios han mejorado en su tratamiento a este formato. Por otro lado, hay un factor muy relevante con la llegada de las nuevas pantallas: se produce un cambio sustancial en el consumo cinematográfico, se pasa de un consumo colectivo a uno individualizado y eso, sociológicamente, es un elemento de relevancia. Es importante destacar a dos plataformas como Márgenes y PLAT (Plataforma de Difusión e Investigación del Audiovisual) porque acercan otro tipo de cine más experimental o vanguardista y abren un espacio de exhibición muy necesario.

En cuanto a festivales, me gustaría destacar la labor que realizan desde Cortogenia y Córtate, en el cine Capitol, lugar de encuentro maravilloso de gentes del corto. Además, han llegado otros festivales como Cortópolis, desde los cine Kinepolis que hacen de la exhibición de cortometrajes una espectáculo muy interesante. Desde luego, apoyaré siempre la labor de estupendos festivales de cortometrajes como el de Alcalá-Comunidad de Madrid (ALCINE), Medina del Campo, Huesca, la SEMINCI de Valladolid y en general todos aquellos que mantienen su compromiso firme con este género con identidad propia.


R: Dinos algunos autores que te parezcan imprescindibles del formato. Mójate.

J: Sabes que es complicado citar nombres. En este período he constatado un auge considerable del documental. Y en ese terreno, tenemos buenos autores como Sergio Oksman, Chus Domínguez, Samuel Alarcón, María Cañas, Lluís Escartín, León Simiani, Chema Arake y Hernán Talavera, Roger Villarroya y Ventura Durall, entre muchos otros que intentan dignificar un género que se compromete con el cine. En la animación, además de Marc Riba y Anna Solanas, me gusta citar a Coke Riobóo, cuyo último trabajo es estupendo, están, además, Juan Antonio Espigares, Isabel Herguera, Zoe Berriatúa, Luis Zamora Pueyo, Jossie Malis y otros muchos. Y respecto a la ficción, me gustan César y José Esteban Alenda, Andrés Sanz, Manuela Moreno, María Trénor, los regresos puntuales de Jorge Dorado, Koldo Almandoz, Rubén Torrejón, la mirada sugestiva de Javier Garmar y Gonzalo de Pedro, toda la obra –muy coherente- de Esteban Crespo y tantos otros que escapan al espacio de esta entrevista y a los que debemos todo el respeto del mundo.

R: ¿Qué futuro ves al corto?¿Hacia dónde va?

J: Soy muy optimista. Como he comentado, mantiene una fortaleza que abre nuevas vías de regeneración. Espero que los autores regresen al origen, es decir, a una mayor experimentación y que aprovechen la libertad que propicia un formato que escapa al control industrial. Desde luego, vaticino larga vida para un formato maravilloso.

R: ¿Hay más nivel en el corto que en el largo?

J: Siempre he comentado que las piezas cortas superan en muchas ocasiones la calidad de su -mal llamado- hermano mayor.

R: Háblanos un poco más de tu libro. Qué podrá descubrir el lector en él.

J: Además de conocer el panorama de este sector en el último lustro, el lector podrá repasar detalladamente las piezas que más han destacado y podrá leer el análisis detallado de 72 piezas de este período más 12 joyas de la historia del cortometraje nacional que he recuperado porque considero necesario reivindicar.


R: ¿Nunca te has decidido por dirigir un corto? ¿Y dar clase?

J: La verdad es que nunca lo he pensado. Escribir un guión, tal vez, pero es complicado. Últimamente he participado en un crowfunding para un corto. El tema de la formación es atrayente pero, por desgracia, dispongo de muy poco tiempo libre aunque no descarto nada.

R: Cuéntanos proyectos de futuro.

J: Pues de momento, disfrutar de la promoción del libro. Me han invitado a un par de festivales y participaré de nuevo de la emoción de transmitir mi estudio sobre este último lustro del cortometraje en España.

R: Por último...¿asistes mucho a festivales? ¿qué ambiente general ves allí?

J: Siempre que puedo, me gusta ir a todos los posibles. Es un entorno muy especial por el clima que se crea entre todos los participantes. Sin duda, es el espacio ideal de encuentro entre el emisor y el receptor. Y, desde luego, nosotros, los periodistas, también tenemos nuestro hueco para promocionar, en la medida de lo posible, las joyas de la creación audiovisual que se generan en nuestro país.

R: Un placer, máster. Gordote.

J: Gracias Raúl y felicidades por tus nuevos proyectos que también permiten acercar el cortometraje al público.

31 mayo, 2013

No mires ahí


La originalidad está sobrevalorada...

De hecho, más que la originalidad, la necesidad de serlo... Creo que existe una obsesión desmedida en valorar todo lo original como superior cuando a estas alturas de nuestra historia como civilización es difícil que algo no esté ya inventado. El propio Jim Jarmusch defiende esta idea en una de sus citas más conocidas:
"Nothing is original. Steal from anywhere that resonates with inspiration or fuels your imagination. (...) Select only things to steal from that speak directly to your soul. If you do this, your work (and theft) will be authentic. Authenticity is invaluable; originality is non-existent. (...) "
Es por tanto que una de las posibles acusaciones que pueda existir hacia No Mires Ahí como puede ser su falta de originalidad, es, hasta cierto punto, una acusación carente de sentido dado que al final, lo que hace el corto es contar una historia que funciona rodado de forma que funciona. Y no nos engañemos, al final es lo que cuenta. Porque aunque uno como fan del terror fantástico pueda sufrir ecos o reminiscencias de historias ya vistas, el encaje final es muy competente.



Lo que se nos presenta es una historia de cierto costumbrismo familiar y la superación de una muerte cercana mezclada con algo de historia de fantasmas, con ciertas reminiscencias a su corto anterior Juan con Miedo. Ese costumbrismo es uno de esos toques que, aunque sean comunes, convierten el cine de terror en algo más y crean el enlace entre el espectador y lo que pasa de manera que se consigue de una forma más efectiva la identificación en esas situaciones cotidianas a pesar de estar salpicadas de fenómenos sobrenaturales. El hecho de que estas situaciones no sean extremas sino realmente identificables, como los problemas entre la madre y la hija mayor, hace que este vínculo se refuerce sin llegar al extremo paródico que parece rodear algunas de estas producciones. Daniel Romero se aferra a esta naturalidad y crea una ambientación soberbia y no carente de cierto mal rollo o tensión en esos momentos puntuales necesarios.


A nivel de realización hay pocas pegas, el rodaje en 2.35:1 va perfecto y deja esa sensación de película de corta duración más que de cortometraje a la que, por suerte, uno empieza a acostumbrarse ya a pesar de todas las trabas a la industria. La fotografía de Jose Martín Rosete, con tonos apagados y la elección de mucho plano corto, así como la localización en un piso muy pequeño ayuda a generar un ambiente opresivo que se transmite al espectador y provoca el desasosiego necesario en una película de estas características.

Juegos con espejos... me encanta
En la parte negativa que siempre busco para que no se me acuse de pelota, tengo que elegir un par de cosas. En primer lugar hay un par de giros que me parecen algo inconexos, uno concreto es el momento del bosque. No tanto por la falta de sentido, que en conjunto se entiende y encaja bien en esas intenciones que destila la relación padre-hija, si no que en general me parece algo brusco. Tengo la sensación que funcionaría mejor en un largometraje con algo más de desarrollo, pero también creo que la historia que se está contando se beneficia del formato corto. A pesar de eso, sí que noto ese ritmo algo más forzado sobre la parte final aunque no desmerezca al conjunto.

Una segunda pega, esta sí más personal, es la música. No tanto por parecerme mala o poco adecuada, como por dejarme cierto sabor de boca de que está siendo demasiado efectista en momentos puntuales. En general admiro la sutileza con la que se mueve la narrativa durante los primeros minutos y este cambio de tono musical en la parte sobrenatural me descoloca un poco. Aun así, suelo ser bastante puntilloso con los momentos musicales, con lo que en realidad esto puede perfectamente no ser algo negativo.

No puedo acabar este texto de ninguna otra manera que no sea alabando el gran trabajo de Daniel Romero (al que algo en mi interior no para de llamarle David y no sé por qué...) en este corto y deseando que este nivel se mantenga en las obras posteriores.

Pedro Pérez (aka Findor)

29 abril, 2013

Cortópolis IV

Aunque no sea un espectador habitual por culpa de la distancia,  he intentado siempre mantenerme cerca del proyecto de Cortópolis, al que otros ya hacen honor periódico escribiendo esa crónica que yo no puedo. Incluso con estos huecos de asistencia, llega un momento donde empieza a ser muy complicado hablar del festival sin que parezca un peloteo constante. El tema es que aunque parezca que uno suelta elogios a Cerezo y el resto de la organización por conseguir llenar una sala gigante de Kinepolis y hacer que nadie se mueva durante dos horas, en realidad todo esto es mérito de los cortometrajistas que llenan esas dos horas.

Es evidente que alguien debe seleccionar y planificar, pero tampoco sería posible si no hubiese un buen material disponible. Sin descubrir nada nuevo, la inclusión de cortometrajes internacionales ayuda a solventar posibles altibajos en el panorama nacional, aunque no se puede negar tampoco que mantener un nivel constante de forma mensual es una ardua tarea que ya resulta difícil incluso para una cartelera de cine.

Poco o nada quiero decir de la organización, personalmente creo que es interesante para el público que se haga una pequeña presentación sobre los cortos por parte del NENE. Algunos de los comentarios previos, para mí, resultaron spoilers técnicos, aunque entiendo que son cosas en las que normalmente la gente no se fije y está bien hacerlas notar. No puedo hablar bien de las introducciones de los directores, a pesar de que se agradezca poder poner cara o voz al autor, quizá sean demasiado irregulares y crean un efecto algo inconexo.

A lo que iba, el gran protagonista de la gala, como viene siendo habitual, es el corto, algo que no defenderé otra vez por riesgo a convertirme ya en muy cansino, y que simplemente espero que se vaya defendiendo solo a cada edición que pasa como hizo en esta, en la que cuesta encontrar algo realmente malo en la selección, y en la que los que tienen que estar al final de la lista de favoritos (al menos de la mía), son más por agravio comparativo que por una falta real de calidad, ya que todos los participantes disponen de valores suficientes como para no ser considerados obras de relleno. También tengo que decir que por los comentarios intercambiados con otros asistentes, parece ser que esta edición fue especialmente alta en calidad general.

En total fueron 8 cortos, los 7 del cartel más un corto sorpresa los que llenaron la noche...



El hombre equivocado (Roberto Goñi): La primera pieza de la noche es una comedia romántica que empieza quizá de una forma demasiado convencional con una pareja algo atípica en su primera cita, un aburrido cuarentón que de repente se encuentra con una guapa aventurera con un desconcertante interés por él.

A pesar de esto, alguno de los giros consigue mantener el interés y crear una atmósfera interesante a la que ayuda bastante la naturalidad que desprenden los dos protagonistas (Alejandra Lorente y .

En el plano técnico tengo que decir que es, probablemente, el corto que menos me impresionó de la velada, no tanto por creer que tenga mala calidad, sino por el poco riesgo técnico que hay, con cierto abuso de los planos cerrados y subrayados musicales, lo que le dan un aire algo soso en este apartado, aunque tampoco desmerezca el resultado final, lo hace menos vistoso de lo que merece.


Efímera (Diego Modino): Lo primero que me vino a la cabeza mientas veía Efímera es lo jodida y enferma que me resultaba la mezcla entre los toques coloridos de las escenas con la niña protagonista y la sordidez de los interludios con las escenas de tortura. Algo que en un principio no queda muy claro hacia donde va pero que se convierte en humor negro al conjuntar ambos desarrollos.

Efímera es un corto con una potencia visual apabullante, que bebe mucho de Jeunet (como se aprecia en el poster) en su parte luminosa con la niña que quiere bailar y lo mezcla con escenas mucho más sórdidas para crear un contraste tan desconcertante como atractivo. No tengo apenas pegas para la parte técnica, ya que los actores están muy creíbles y los efectos especiales cumplen de forma sobrada con su cometido, aunque también es verdad que igual hay alguna escena más alargada de la cuenta o sobrante, pero que tampoco rompen el resultado final.


The Backwater gospel (Bo Mathorne): Para mí, el pelotazo de la noche. No suelo esconder mi predilección por la animación, pero en este caso puedo asegurar que todo el conjunto es espectacular, empezando por un diseño de personajes impresionante y una ejecución estética apabullante. No sólo eso, sino que además conjunta las posibilidades de la animación para jugar con la cámara y las perspectivas de manera que todavía da más empaque al conjunto.

Junto a todo esto se encuentra una historia de religión y humanidad algo evidente, pero que funciona y sorprende sobretodo en la orgía de violencia final.

Aun así, todavía me produce un sueño húmedo pensar en que hubiese sido de este corto si se hubiese optado por algo en 2D real en vez del cell shading de la propuesta, aunque entiendo perfectamente que si se ha llegado a este nivel final es por la asequibilidad de la tecnología.


Cargols! (Geoffrey Cowper): El intermedio de la velada lo ocupo un corto catalán a lo “monster movie”, de factura cutre pero con mucho amor, humor, caracoles gigantes y algún WTF? Un corto parodia que quizá no tenga los valores artísticos del resto de participantes, pero que al final consiguió crear un momento de relax que se agradeció enormemente. 


Misterio (Chema García Ibarra): Tragicomedia de la España profunda con una sensación de film de José Luis Cuerda en muchos de sus aspectos. Una mezcla maravillosa de costumbrismo y surrealismo a partes iguales con personajes parodia y multitud de situaciones absurdas.

Lo sorprendente del asunto, o quizá no tan sorprendente, es el ritmo narrativo que se consigue rodando todo el corto en planos fijos sin mover la cámara, lo que da como resultado que muchos planos acaben teniendo una belleza estética magnífica y demuestra que no hace falta acción trepidante en las imágenes para poder narrar de forma dinámica.

Para más admiración personal, el humor bizarro del corto se junta con un giro final de los de patada en la entrepierna que lo remata para ponerlo en mi top personal de cortos favoritos. 


Malas hierbas (Daniel Tornero): Muy buena comedia negra que le debe casi todo a sus dos protagonistas principales, especialmente a Luis Zahera que está de un sublime que espanta, pero que no desmerece tampoco a Joan Manuel Gurillo, segundo protagonista que consigue en muchos momentos transmitir ese asco que debería dar un personaje como el suyo.

La buena labor actoral se ve un poco desdibujada por una parte técnica algo más floja, no tanto por el desarrollo de la acción, que tiene algunos juegos y movimientos de cámara destacables, sino por una foto algo quemada que rompe un poco el trabajo visual. La música tampoco está a la altura al dar una sensación muy amateur, pero el buen ambiente creado por el resto de factores hace que uno no se fije demasiado en ello.


Voice Over (Martín Rosete): Cortometraje que hilvana tres historias aparentemente dispersas mediante una voz en off en francés. La elección del francés es algo que podría ser discutible, pero la entonación le da un toque también muy Jeunet (y van dos), y no sólo eso, sino que la historia del soldado recuerda también visualmente a Largo Domingo de Noviazgo. A pesar de algunos efectos digitales algo evidentes, como el alien, Voice Over se puede definir como muy preciosista a nivel estético. Sin embargo, al final queda un poco desdibujado precisamente porque la escena que debe unir esas tres historias a mí me resulta algo inconexa.

A pesar de ello, la excelente producción le da un acabado espectacular.


The Voorman Problem (Mark Gill): Como final de fiesta se presentó un corto inglés con un duelo de protagonistas espectacular, Martin Freeman y Tom Hollander en los papeles de psiquiatra y de recluso que se cree dios respectivamente. Independientemente del formato corto, desde el primer segundo todo tiene un aire de producción grande y la historia es digna de los mejores momentos de The Twilight Zone.

Los detalles que acaban provocando el giro argumental son magníficos, con toques de humor incluidos, ¿Bélgica? Y el final, aun siendo un corte muy a mala leche, es también el que le pone un maravilloso colofón final. Lo peor probablemente es que se hace muy corto, valga la redundancia.

Siento decir que después de esta experiencia se me hace todavía más duro no poder asistir de forma habitual al evento al ser uno de los pocos españoles que aún tiene trabajo, aunque seguiré echando euromillones a ver si…

Los demás podéis ir siempre, que es un gran evento.

Pedro Pérez (aka Findor)

27 diciembre, 2012

Refugio 115


Como siempre, intentaré no hacer muchos spoilers del cortometraje, pero en este caso es evidente, dada su naturaleza, que voy a tener que explicar cosas de su argumento.

Uno de los problemas que parece atacar al cine de género en su globalidad es la incapacidad de salirse de cierta ansia de exhibicionismo y una obsesión por mostrar más de la cuenta. En general también me parece algo que viene empujado por el avance técnico y la inversión en efectos especiales y que hace que la posibilidad de crear un impacto visual realista acabe derivando en la necesidad de mostrar un impacto visual realista, algo que, en el fondo, es muy difícil de conseguir.

Por otro lado parece existir la idea de que insinuar siempre es mejor que mostrar, cuando probablemente insinuar bien, es mucho más complejo de lo que parece y se usa en muchas ocasiones para ocultar la incapacidad de contar algo o incluso cierta pereza al hacerlo.

Una de las ventajas de insinuar bien es que se juega con una ventaja importante sobre la psique del espectador que intentará rellenar el hueco con sus propios temores, porque en el fondo el horror a lo desconocido es lo que genera el miedo más aterrador posible.


Esa capacidad de insinuar sin caer en la trampa de parecer perezoso es lo que más me ha impresionado de Refugio 115, de Iván Villamel.

El corto nos sitúa dentro de un refugio antiaéreo durante los bombardeos de la aviación italiana en 1938. Un lugar donde pesa una extraña maldición y donde, a pesar de todo, se encuentra un grupo de personas para escapar de los bombardeos.

La lucha principal que acomete el corto es la de los protagonistas contra la oscuridad. Una oscuridad que funciona más como ente tangible y que les caza uno a uno. Aunque pueda parecer una elección fácil, la oscuridad como elemento es algo que funciona a nivel subconsciente, pocos somos los que nunca hemos tenido miedo a la oscuridad de niños, pero incluso de mayores ejerce una influencia importante al dejarnos solos con nosotros mismos y tener que enfrentarnos a esos momentos de autoconsciencia. Dada la localización temporal del corto, ese avance de la oscuridad tiene una interpretación geopolítica muy evidente con los sucesos posteriores, aunque el enfrentamiento casi personal de los protagonistas ante ella me parece una imagen mucho más poderosa sobre los efectos de la guerra en las personas.


En la parte técnica me he encontrado con un corto muy sobrio. La localización subterránea y el ambiente minimalista hacen que los efectos de cámara no necesiten demasiada pirotecnia, pero aún así visualmente funciona todo muy bien con cámara casi fija y algún que otro seguimiento cercano de la acción. Uno de los planos que más me ha gustado sucede casi al principio, justo después de la primera desaparición, en un momento donde los dos protagonistas principales se levantan de golpe y la cámara sigue el movimiento perfectamente sincronizada. Es uno de esos pequeños detalles que personalmente suelen llamarme mucho la atención. El juego de luces y sombras es imprescindible dado el contexto y crea un tono lúgubre que da mucho ambiente al corto.


Una de las cosas negativas, aunque tampoco es novedad en mi caso, son las interpretaciones. No es desconocido que suelo ser bastante crítico con la manera teatral de actuar de los actores patrios que en muchas ocasiones me acaban sacando de la narración. Este caso, por desgracia, no va a ser diferente, aunque siendo algo que casi siempre me choca, acabo ignorándolo bastante. También es cierto que las circunstancias de rodaje de un cortometraje son muy diferentes y no siempre se puede tener todo.

Por acabar de forma positiva, me chifla la música. El tema principal de Àlex Solana con ese aire infantil aunque con cierto toque enfermizo me parece perfecto. Me parece un enorme acierto el uso puntual que se hace del mismo, no solo con su uso durante los créditos de inicio, también por la aparición en dos momentos puntuales al principio del cortometraje y su posterior silencio durante el resto de narración para dar paso a algo mucho más tétrico que dura hasta los créditos finales.

Como siempre, este blog y yo personalmente, nos hemos posicionado a favor del cortometraje, no solo como medio de crecimiento para cineastas, sino como medio independiente y realmente poderoso para contar historias. Son cortos como este los que creo que nos dan la razón, y 100 nominaciones lo avalan.

Larga vida al corto.

Pedro Pérez (aka Findor)

Como bonus track, hemos conseguido también una mini entrevista a Iván, que ponemos a continuación (nota: La crítica anterior ha sido escrita sin leer la entrevista anteriormente):

1-.Tenemos entendido que eres uno de los únicos cortometrajistas que ha dado una lección al mundo de la distribución. No has pagado distribuidora y consigues ser un top 5 de los más nominados este año. ¿Cómo se explica y qué puedes contarnos al respecto?

Se explica desde la pasión y la dedicación, dos aspectos que siempre me han acompañado desde niño cuando se trata de cine, y la única forma que conozco de acercarme a este arte. La autodistribución requiere de mucho amor por lo que haces y de constancia, confiar en tu trabajo y tratarlo como a un hijo, algo que en muchas ocasiones olvidamos. Tu obra siempre debe ser lo primero, dar a conocer tu trabajo, eso es algo que también he visto equivocar en muchas ocasiones, cuando el cortometrajista está más pendiente de aparecer en la foto vendiéndose a si mismo que dejar crecer su trabajo y ganarse el respeto por ello.

Con respecto a las distribuidoras, no sólo no tengo nada en contra de ellas, sino que admiro la excelente labor de distribución que hacen con sus trabajos, pero en muchas ocasiones los cortometrajistas disponemos de pocos medios para esa colaboración. No siento que haya dado una lección a nadie, la verdad, aunque se agradece el halago, porque el trabajo es muy duro. Ese duro trabajo de autodistribución tiene su mayor recompensa cuando consigues un trato más cercano y personal con los festivales de cortometrajes y las personas que los llevan, algo que te hace sentirte aún más integrado en esto.


2-.Han definido tu cortometraje como un "Alien, el Octavo Pasajero" en la Guerra Civil. ¿Por qué la Guerra Civil? ¿Dinamitar el género de esta brillante manera te hace huir de los tópicos al respecto? ¿Cómo conseguísteis esa localización y de qué manera transcurrió el rodaje?

La verdad es que nunca tuve presente “Alien” cuando desarrollé la historia, pero me encanta la definición por lo de mezcla genérica que tiene y por la debilidad que siento como espectador hacia esta película. Y precisamente era lo que buscaba a toda costa, evitar los tópicos sobre la Guerra Civil, construir una historia que hablara de lo que nunca nos hablan sobre ese periodo. Después de muchos años de obsesiva dedicación cinéfila, no conseguía recordar películas que hablaran de esas personas anónimas de las que nunca hablan este tipo de películas, los que se refugiaban bajo tierra con el único objetivo de esperar que pasara el horror para volver a sus casas. Me pareció que podía ser un tema muy interesante, explorar esa convivencia, y al igual que los tópicos generales sobre este tipo de películas, dinamitar también el concepto estatus social, ya que ahí dentro toda persona estaba expuesta al mismo riesgo, sin privilegios de género, condición o posición social. Construí la historia bajo esa premisa y sobre dos conceptos más, el enfrentamiento ancestral entre luz/oscuridad y la relación metafórica guerra/oscuridad. La localización fue casual, una simple búsqueda en Internet me llevó a una página web de un refugio antiaéreo en el pueblo de La Garriga, situado a unos 40 km de Barcelona. Me quedé asombrado de cómo estaba conservado y me obsesioné con rodar allí por las excelentes condiciones que ofrecía para desarrollar el estilo visual y cinematográfico que buscábamos, algo que los refugios antiaéreos de Barcelona no nos daban por diferentes motivos. El Ayuntamiento de La Garriga se portó de maravilla con nosotros, porque nos lo cedió siendo un espacio cerrado al público, solo visitable una vez al mes con visita guiada.

Cuando te encuentras con una localización así todo ayuda, y compensa ciertas dificultades que tuvimos en rodaje, como por ejemplo el limitado espacio para mover un gran equipo de gente ahí dentro, el frío polar que hacía en el mes de Enero o la altísima humedad del interior del refugio. Por suerte, tuve el privilegio de contar con un equipo muy cualificado, lo mejor de lo mejor en su puesto dentro de nuestra escuela de cine “Bande à Part”, en Barcelona. Ver la trayectoria que lleva “Refugio 115” este último año habiendo sido producido en una escuela de cine, con todas las limitaciones que eso conlleva, es una sensación muy satisfactoria.

3-.¿Qué futuros proyectos tienes y qué puedes decir del actual estado del cortometraje español, en cuanto a títulos, recorrido y festivales?

Estoy con varios frentes abiertos, y todos ellos me ilusionan mucho. El más inmediato es mi próximo cortometraje, del cual estoy revisando versión final de guión para rodarlo con toda seguridad este próximo año 2013. De nuevo me adentraré en el terreno del fantástico para intentar utilizar el género para contar algo más de lo que se ve en principio, la elección que más me motiva como creador y como espectador, cuidar la forma para llenar lo máximo posible el fondo. Además, como todos los que nos queremos dedicar a esto, llevo tiempo trabajando en el tratamiento de un largometraje de cara a medio/largo plazo, sobre el conflicto entre la civilización y la naturaleza, con mitos del folklore local de por medio. El otro gran proyecto que ocupa mi mente y me ilusiona mucho es “Cortópolis”, un gran evento de cortometrajes que se celebrará cada mes a partir del 2013, en el cual el espectador podrá disfrutar de lo mejor del cine corto a nivel nacional e internacional. Formar parte del equipo de selección de trabajos y compartirlo con esa gran familia que es “Cortópolis” será un placer muy grande. Se trata de otro gran proyecto de esa mente rebosante de ideas y de talento que es Raúl Cerezo, compañero y amigo, apoyo y ejemplo, un placer siempre. Creo con firmeza que el estado del cortometraje español es excelente, pese a las limitaciones que parece que sufrimos cada vez con mayor fuerza en este país. Precisamente una de las grandes ventajas de la autodistribución que comentaba antes y de tratar en cercanía a profesionales dedicados a esto en el extranjero, es poder comprobar el enorme aprecio que hay al cortometraje español alrededor del mundo, tanto a nivel generalista como a nivel de cine fantástico, que es lo que a mi me toca más de cerca. A veces me da la sensación que se valora mucho más fuera de nuestras fronteras que dentro, cuando el nivel de talentos es muy alto y cada año surgen nuevas obras que ocupan un lugar de privilegio en los festivales más prestigiosos del mundo.

Si hablamos en concreto de cine fantástico, que es el espacio que ocupa “Refugio 115”, lo veo con muchísima salud porque cada vez hay más festivales y espectadores, pero sufriendo el problema que ha sufrido siempre el género, ser ninguneado con respecto al cine generalista en más ocasiones de las que nos gustaría, un mal endémico sufrido a lo largo de toda la historia del cine y al que aún buscamos una solución definitiva.

06 diciembre, 2012

Crónicas carcelarias: Muestra de cortos en Almería

Viernes, 23 de noviembre de 2012.

Es la segunda vez que entro en prisión.
 

La primera ocurrió hace unos meses. Entonces llevé bajo el brazo mi novela negra y ultraviolenta “El país de los ciegos”. Los psicólogos y educadores se echaron las manos a la cabeza. Esta vez traigo cine, corto, pero contundente.

Centro Penitenciario “El Acebuche”, Almería. Pasamos el primer acceso de control. Mi DNI desaparece y se transforma en un cartón que pone “visitante”. No sé dónde colgármelo. Llegamos al perímetro. Me siguen sorprendiendo las alambradas enroscadas, todo ese espacio vacío y perdido, el limbo entre la libertad y el encierro. El segundo acceso es más restrictivo todavía. Las puertas chasquean y se deslizan ruidosamente sobre una jamba metálica. Los barrotes son gruesos, y la pintura beis que los recubre nos los hace más simpáticos. Hasta que no se cierra un portón no se abre el siguiente. Más chasquidos. Más barrotes.

Los módulos se despliegan ante mí. Caminamos por los pasillos. Hay gente por ellos. Están tranquilos, saben lo que hacen, hacia dónde van. Yo me limito a seguir a mi guía. Ascendemos por unas escaleras que huelen a recién pintado. Llegamos a la sala de proyecciones. Es amplia, pero se quedará pequeña para todos los internos. Me cuentan que solo asistirán tres módulos. No pasa nada. Repetiremos otro día para los demás.

Las butacas se llenan. El público bulle. Hablan, se saludan, se reencuentran, se evitan. Comprobamos el sonido. Apagan las luces. Es la hora.
Me presentan. Me pasan el micro. Siento sus pupilas sobre mí. Estoy en lo alto de una tarima. A mi espalda está la pantalla. Cuento de qué va la actividad y explico el primer corto. Lo escribí y dirigí hace unos años. Se titula “Canela vol. 0,5”. Es la precuela de uno de Pablo Ferrando. Desaparezco tras la cortina y dejo que el cine haga su magia.

La gente responde. Se ríen, se asustan. Esto funciona. Cuando termina, regreso a la tarima. Es entonces cuando aplauden. Me siento halagado. Vale, tíos. Dejad que siga. El siguiente es más largo. “Niños que nunca existieron”, de David Valero. Ganador de multitud de premios. Un director con un futuro brillante. Su corto lo demuestra. Les entusiasma. Sufren al lado de los protagonistas. Los títulos de crédito les noquean. Más palmas.
Sigamos. “8”, de Raúl Cerezo. Cine de terror diferente. Arriesgado, homenaje a los inicios del género, mudo, una banda sonora brutal, planos milimétricos, una puesta en escena perfecta. Más de 150 nominaciones y decenas de galardones. Le prestan atención enfermiza. Esperan que pase algo, que el desenlace les deje sin aliento. Y sucede. Los títulos comienzan a salir y ellos aún están digiriendo lo que han visto. Aplauden como locos.

Nos quedamos sin tiempo. Quería poner “Emala3bien: los malditos”, de Miguel Ángel Font, pero dura 40 minutos. Por suerte también tengo “Eienesis: In Search of Light”. Un corto metafórico que habla de la sensibilidad de la creación quizá parezca más arriesgado. Da igual: la anterior vez conocí a un pintor ruso muy bueno que descubrió su vocación cuando estaba interno. Lo proyectamos, contemplan la belleza de sus fotogramas, aplauden. Aplauden mucho. La capacidad de apreciar la belleza no se pierde tras las rejas.

Aún tengo tiempo para una pieza más. Una muy especial. Algo que nadie antes había visto, ni dentro ni fuera. Algo que me han regalado en exclusiva para esta muestra. Se trata de un anticipo de lo que será la película “Criando ratas”, una cinta que recupera el cine quinqui, pero que lo actualiza y le da un lavado de cara. Con el micro en la mano explico lo que van a ver. Actores no profesionales que pasaron por prisión, gente de barrio que conoce las drogas de cerca, una película que ha hecho más por su reinserción que mil programas estatales. Un proyecto único, imposible, social, maravilloso, genial. Play. Ahí está el Cristo haciendo de las suyas, mira al Mauri robando risotadas con sus monólogos geniales, fíjate en las calles de lo más oscuro de Alicante. Cine-realidad. Cine-total.

Aplauden. Les encanta. Me preguntan cómo participar en cortos. El que lo dice es músico, pero quiere salir de actor. Le digo que también se necesitan músicos en los cortos. Da igual: él quiere ser el nuevo Cristo, el nuevo Mauri. Aplauden otra vez. Me obsequian con una placa de barro que hacen ellos mismos en los talleres.

Me dan las gracias, pero soy yo el que está agradecido.

Claudio Cerdán, 28 de noviembre de 2012.

12 julio, 2012

Summer, summer tiiiime...

Edito: pongo directo el vídeo, vedlo antes de leer, por dios...


Desde los inicios de mi participación en este blog he sido un enorme defensor de lo formal y de intentar evaluar la calidad por encima de mensajes, interpretaciones, nostalgia o cosas similares. Uno quizá pueda pensar que debido a esta manera de aproximarse al cine, se pierde la capacidad de sorprenderse o divertirse, pero no todo es tan blanco o negro, incluso desde la postura de pontificador que hace uno en un blog...

También me he declarado fan de Jackie Chan y sucedáneos del cine de hostias pero nunca se me ocurriría mezclarlo con Kubrick...

No sé hasta que punto empezar hablando en estos términos de cine cutre puede parecer un buen prologo para presentar una crítica de un corto, parecía mejor idea en mi cabeza cuando lo empezaba pero al final hay algo positivo detrás de esto... espero...

Una de las mayores virtudes de la propuesta de Brutal Relax es la naturalidad de su exceso. Por algún motivo que todavía no domino del todo, hay propuestas que me parecen naturales y otras que no, aquí parece entrar la subjetividad esa contra la que uno puede intentar luchar pero que en realidad forma parte intrínseca de la vida. Existen propuestas como esta que consiguen pasar cierta barrera emocional y otras que no, como por ejemplo, Machete. La diferencia que a mi me salta entre Machete y Brutal Relax es que la primera intenta ser natural y divertida y la otra simplemente lo es. Esa sensación, aún entrando en el terreno de lo estrictamente objetivo, es la que me transmite este corto, de manera que cuando salta el momento de despiporre, simplemente, te dejas llevar.

Pos aquí estamos, en la playiqui.
La idea base de Brutal Relax es especialmente simple, por no decir inexistente, el señor Olivares, con apariencia ligeramente psicópata, se va de vacaciones a relajarse a una playa paradisiaca... Todo es felicidad mientras el señor Olivares lleva su walkman y se reboza en barro, aunque todo el mundo se ría de él... Ese momento me gusta especialmente por abrir la posibilidad de que el protagonista se ponga a rematar gente sin más, pero no, de repente aparecen del agua los infectados/demonios/quemásda que son los que se ponen a despedazar a la gente...

Gente de Ibiza, amantes de la fiesta.
Y todo es muerte y gore hasta que se acaban las pilas del walkman de nuestro psicópata protagonista... Un detalle tan demencialmente absurdo merece un aplauso así en alto, no hay heroicidades, no hay nada más que un tipo que se vuelve loco porque se queda sin walkman... Y esto desemboca en el segundo festival de gore...

Me parece especialmente genial el momento niño por lo excesivo y salvaje de la propuesta incluso dentro de una narrativa excesiva y salvaje, y más siendo un fan enorme de lo que viene siendo el humor negro.

Sinceramente creo que si entro a niveles formales, Brutal Relax tiene poco que hacer comparado con algunos de los otros cortos analizados para el Zoom, pero también es importante destacar que no creo que exista una necesidad narrativa de funcionar a esos niveles formales. El modelo visual y estético de Brutal Relax, con su toque cámara en mano y su estilo grindhouse resulta extremadamente adecuado para lo que está contando a pesar de que quizá no alcance (quizá también porque no la busca) la "excelencia" formal que sí alcanzan otros cortos.

Lo que destaca por encima de lo demás es toda la parte de maquillaje y efectos, que están a un nivel absolutamente espléndido. Y que aún teniendo algún que otro cante CGI, me han sorprendido muy gratamente por como están integrados y lo bien que funcionan, teniendo en cuenta todo eso de que es un corto y hay presupuesto reducido... Realmente creo que está por encima muchas películas de mayor envergadura…

Yo es que me parto...
En definitiva, Brutal Relax es una propuesta divertida y sin complejos por parte de Adrián Cardona, Rafa Dengrá y David Muñoz que apuesta claramente por lo grotesco, el exceso y el humor negro y que funciona precisamente por todo esto y sin necesidad de darle demasiadas vueltas a lo demás…

La Troma estaría orgullosa de ustedes...

Pedro Pérez (aka Findor)

22 abril, 2012

Cortópolis ha llegado.


Hace ya una semana que estuve en Madrid visitando gente y asistiendo al nuevo evento organizado por Raúl Cerezo. Aparte de una gran experiencia parece ser que también me traje unos cuantos virus de la gripe que han impedido que mi cuerpo tuviese ganas de ponerse a escribir sobre ello. Pero ya no puedo dejar pasar más tiempo o si no corro el riesgo de juntarlo con la segunda edición…

Cortópolis nace a la sombra del éxito de Córtate, y uno se pregunta, si Córtate ya está bien establecido... ¿Por qué Cortópolis?

Ante esa clase de preguntas siempre intento plantearme la alternativa… ¿Y por qué no? Gracias a la crítica habitual que hago en este blog tengo la gran suerte de ver muchos de estos trabajos varias veces para poder sacarles toda la chicha. Más allá de la proyección puntual en un cine u otro, al rascar es cuando uno ve que los cortometrajistas viven en un mundo muy especial.

Eventos como este, y más debido al cese de ayudas al cortometraje debido a la crisis (no haré comentarios políticos sobre ello) no solo deben existir, si no que además son necesarios.

Cortópolis tiene el objetivo más ambicioso que puede tener de uno de estos eventos, proyectar lo mejor del panorama español en las mejores condiciones… Es verdad que quizá el sitio no sea el más accesible o el más propicio para ir un sábado por la mañana, en especial uno lluvioso como el que toco vivir, pero el mensaje que tiene que trascender de esto es muy claro. El cortometraje no está muerto. Y no solo eso, si no que el cortometraje no tiene nada que envidiar al resto de cine que se hace dentro de nuestras fronteras…

La primera edición tuvo una elección de participantes… llamémosle ecléctica… Como primera edición la necesidad de atraer mucho tipo de público era casi necesaria, así que entiendo que se optara por traer historias de temáticas muy diversas y de calidades muy dispares, aunque es cierto que todos tenían algún tipo de valor destacable.

Como habrá tiempo de desgranar algunos de los cortos en análisis más sesudos, dejaré solo una impresión general de los que captaron mi atención (Memory, Therion, Le llamaremos Bobby, Foto, Abracadabra) y los que no me acabaron de convencer del todo (Salvación, On my Mind, Historia muerta, Que sean tres). Es evidente que no todo me va a parecer destacable y algunos de los no, a pesar de las buenas intenciones, no acaban de funcionar del todo. Dejo fuera de esta clasificación a 8, que bastante he escrito ya de el y no es plan de ser cansino...


Es difícil prever si existirá o no segunda edición porque hay muchos factores que influyen, pero desde luego el esfuerzo merece todo el respeto y el apoyo por el mundo que representa.

Larga vida a cortópolis.

Pedro Pérez (aka Findor)

10 abril, 2012

Akerbeltz, las brujas y el inquisidor


La animación es un género complejo. Para empezar, todo el mundo se empeña en llamarle género cuando en el fondo no deja de ser un medio. Yo personalmente me niego a llamarle género (a pesar de la primera frase) porque creo que la narración es bastante más independiente del medio de lo que popularmente se cree y porque encasillar algo que sea animado en un conjunto limitado es injusto para la animación, que como género parece verse abocada a un subconjunto de clichés y donde salirse de esa trampa mortal acaba siendo una odisea.

Aunque luego está la animación "adulta", que no deja de ser lo mismo con los mismos clichés pero donde todo suele pasar de noche y a veces muere alguien sin venir a cuento.

Por definición, un corto de animación parece estar lastrado por dos etiquetas, animación y cortometraje, ambas consideradas en algún caso casi despectivas con respecto a lo que viene a ser el "hermano mayor", el "cine de verdad"…

¿Un corto de animación? La iglesia lo desaprueba

Desde este blog y como amante de la animación y el cortometraje, los cuales, ni mucho menos son considerados menores por ninguno de sus integrantes (espero), me congratula mucho cuando un corto se salta todo esto y decide jugar a las ligas grandes sin complejos como los analizados anteriormente. Si encima es de animación, mi alegría es doble.

Akerbeltz, aquí donde se ve y a pesar de todo este discurso sobre el "cine de verdad", no se parece a ninguna película que podáis haber visto nunca, primero porque siendo un poco osado con el lenguaje, se podría considerar incluso un "videoclip" (usado en un sentido definitorio y no en un sentido despectivo). Esto es así ya que en Akerbeltz no hay diálogos y todo transcurre al ritmo de una canción específica de Hedningarda, algo con la que ya tienen parte de mi alma al ser uno de mis grupos folk nórdico de referencia (aunque me siga gustando algo más Garmarna... ale, ya lo he dicho). Y sin embargo todo tiene un aire cosa grande desde el primer plano secuencia con aires Fincherianos y obsesión compartida por pasar la cámara entre todos los huecos que aparecen en ella.

¿Cámaras imposibles? No hay problema...

Y es que desde ese principio, Akerbeltz va como un cañón contando la historia a ritmo de la música y usando todos las herramientas disponibles que sí puede proporcionar el medio animado por encima del cine tradicional, transiciones rápidas, zooms imposibles, cambios de escenario manteniendo encuadres… sin dejar ningún momento de relax a la narración pero sin llegar a avasallar en ningún caso. Es muy difícil resumir todo esto en pocas palabras porque la realidad es que podría ponerme a hablar de cada segundo en que la narración enlaza secuencias de forma excepcional, como el momento donde las rejas aparecen encerrando a las brujas en el juicio o el momento donde Akerbeltz aparece y hace llegar el niño a manos de la anciana y que es capaz de sintetizar todo ese concepto complejo en apenas unos segundos sin que se pierda en ningún momento el hilo de lo que pasa. Y sobretodo con un añadido, sin necesitar ni una sola palabra para ello...

El trabajo de César Urbina para contar la historia de las brujas y el inquisidor me parece impecable, aunque ya digo que quizá mi obsesión por los cortos de animación me produzca cierto sesgo inconsciente. Tengo que decir que ahora mismo se me ocurren pocos cortos animados que me hayan producido un "shock" tan importante en el primer visionado, aunque casi aseguraría que César agradecerá que el primero que me haya venido a la cabeza al ver Akerbeltz ha sido "Le moine et le poisson" de Michaël Dudok de Wit (uno de mis favoritos), sobretodo por la conjunción musical.


No estoy muy seguro de si quiero hablar de la parte artística, no por nada malo, pero el que ahora mismo esté metido en un curso de ilustración con un profesor algo obsesionado por las proporciones anatómicas (un saludo para él si me lee) me condiciona un poco ante los dibujos sencillos de Akerbeltz. No tanto por su sencillez, que no es a priori nada negativo, si no porque aunque en general me parece artísticamente muy preciosista, en este momento me cuesta dejar de ver esas anatomías con otros ojos…

Aún así, esto no debe ser nunca considerado un error, ya que en este caso concreto es algo con lo que yo tengo que lidiar igual que otras cosas anteriormente confesadas en este mismo blog, y desde luego el estilo visual de Akerbeltz funciona maravillosamente bien.

Tengo que decir una cosa como conclusión final y a pesar de que pueda existir algo de agravio comparativo con los otros cortometrajes que han ido pasando por mis manos. De hecho no es nada negativo ya que todos me parecen muy notables y así lo he hecho constar, pero desde luego tengo que decir que Akerbeltz es, en estos momentos, el corto que más me ha impactado en mucho tiempo y por el que podría vender mi alma ahora mismo para tener una copia que pudiese pasar en mi casa en loop durante los ratos en los que la tele esté ociosa...

Gracias de corazón, señor Urbina,

Pedro Pérez (aka Findor)

PD: No duden en visitar el blog de noticias del corto para poder estar enterados de todo lo que pasa...